Bajar impuestos no es transferir ingresos

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Muchos políticos y analistas insisten con que el gobierno generó una “transferencia de ingresos” hacia los sectores exportadores. No entienden que, simplemente, se les dejó de tomar coactivamente su dinero.

El sábado pasado fui nuevamente invitado al noticiero que se emite por la señal de televisión por cable, C5N. No es la primera vez que voy, y muchos suelen preguntarme para qué lo hago, puesto que se sabe que la línea editorial o ideológica de esa pantalla está bastante lejos de las ideas y principios que yo defiendo.

A pesar de esto, siempre voy con la mejor predisposición. Creo que el debate hay que darlo, y que es todavía más importante hacerlo cuando se está rodeado de personas que piensan diferente. Esto permite haya una buena contraposición de argumentos, lo que para mí enriquece el debate y permite contrastar la consistencias de los planteos.

Así que el sábado pasado fui bien predispuesto al debate y éste cumplió con mis expectativas. En la mesa del noticiero estaban también sentados Eduardo Valdés, dirigente peronista y diputado del “Parlasur”, y Patricio del Corro, referente del Frente de Izquierda.

La charla comenzó con la pregunta acerca del balance del año. Quien dio la primera respuesta fue el parladiputado Valdés, quien volvió a insistir con que el gobierno nacional, “en un solo acto, al eliminar las retenciones”, había transferido $ 130.000 millones al sector agrícola y “a los agroexportadores”.

Hace un tiempo, en este mismo espacio, intenté demostrar por qué era erróneo referirse a la eliminación de las retenciones como una “transferencia de ingresos”. Pero dado que el tema sigue siendo una muletilla de uso común en discurso de los  populistas, voy a volver a insistir con este tema.

Lo que me parece que  tenemos que comprender antes que nada es cuál es la correcta definición de transferencia de ingresos.

Decimos que hay una trasferencia de ingresos de Juan a Pedro, por ejemplo, si Juan toma $ 100 de sus ingresos y se los transfiere a Pedro. El resultado de esta transferencia será que Juan tiene $ 100 menos para gastar en consumo, ahorro o inversión, y que Pedro tiene $ 100 más para cualquiera de estas tres actividades.

En el caso anterior, la transferencia es voluntaria. Juan decidió voluntariamente ceder sus ingresos en favor de Pedro.

Sin embargo, también podríamos estar frente al caso de que la transferencia no sea voluntaria. ¿Cómo sería eso? El gobierno podría cobrar un impuesto que tome $ 100 del ingreso de Juan, y destinarlo a Pedro para subsidiar el consumo de este último. El resultado de la transferencia sería el mismo. Juan perdió $ 100, Pedro ganó $ 100, solo que la operación no se hizo de manera voluntaria, y ahora Pedro está mejor, pero a costa de que Juan esté peor.

Este tipo de transferencia coactiva de ingresos estaba siendo llevada a cabo por el gobierno kirchnerista con las retenciones a la exportación. De hecho, por este concepto, el gobierno había tomado de los exportadores la nada despreciable suma de $ 497.496 millones entre 2003 y 2015. Las retenciones eran transferencias coactivas de los exportadores al estado, que después éste decidía como gastarlas.

En este sentido, lo que hizo el gobierno de Macri al eliminar estos gravámenes no fue transferirles ingresos a los exportadores, sino sencillamente dejar de confiscárselos.

Tenemos que recordar que la producción es, ante todo, de quien la produjo, y que el gobierno, si bien tiene la facultad para cobrar impuestos, no transfiere ningún ingreso cuando decide quitar o reducir impuestos, sino que simplemente nos permite a los ciudadanos quedarnos con lo que originalmente es nuestro.

Por ejemplo, ahora que está tan de moda el debate por el impuesto a las ganancias y que tanto el gobierno como la oposición coinciden en que debe reducirse: ¿hablarán los populistas de siempre de la transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados de la sociedad? ¿O reconocerán que lo único que está haciendo el gobierno es dejar de meterle la mano en el bolsillo a la gente?

Los políticos argentinos no son precisamente un monumento a la coherencia, y es por eso que vemos que muchos, al tiempo que denuestan la eliminación de los impuestos a la exportación, aplauden a dos manos la suba del mínimo no imponible de ganancias.

Una mirada coherente exigiría que midamos ambos actos con la misma vara, y que si aplaudimos la baja del impuesto a las ganancias, también hagamos lo mismo con las retenciones y todos los impuestos que existen en Argentina.

En definitiva, al hacer eso, lo que estaremos aplaudiendo no será una transferencia de ingresos inmerecida o injusta, como algunos quieren sugerir, sino un mayor respeto de la propiedad privada y del fruto del trabajo de las personas.

Y solo caminando por esa vía es que Argentina abandonará la senda de la decadencia.