¿Lluvia de inversiones? No saques el paraguas

paraguas

A casi 9 meses de gestión de cambiemos, son muchos los que están impacientes porque las inversiones no llegan. ¿De qué depende que éstas se animen a venir definitivamente a nuestro país?

José mira la balanza. Luego de varias visitas al nutricionista, sabe que mañana es el día que comenzará la dieta y le dirá adiós a esos kilos de más que tanto él como el profesional coincidieron en que tiene. Como despedida, va al café de la esquina y pide la torta más grande y empalagosa que ofrecen, acompañada de un café con leche, crema y chocolate.

Días después que su alimentación cambió radicalmente, decide volver a enfrentarse a la balanza. Su peso, para su sorpresa, no cambió en absoluto. Se indigna, se frustra y amenaza con echar todo por la borda y volver a su vida anterior. Después de todo… ¿tanto esfuerzo para nada? Llama a un amigo y le cuenta su historia.

¿Qué diríamos nosotros si estuviéramos del otro lado del teléfono y escucháramos lo que nos cuenta José?

Seguramente, puestos a conversar con él, le diríamos que tiene que tener un poco de paciencia, y que si quería efectos inmediatos, tal vez ir al café el día anterior a comenzar con la dieta no fue la mejor idea.

En la economía argentina sucede algo similar. El gobierno de Macri dijo que el país iba volver a crecer una vez que llegaran las inversiones y que éstas encendieran el motor de la producción. Sin embargo, a casi 9 meses de la nueva gestión, y tras algunas medidas tomadas en el buen sentido como la salida del cepo, el fin de las retenciones, y el intento por ajustar las tarifas de los servicios públicos producto de la inflación, muchos son los que dicen que las inversiones no llegan.

Incluso desde el mismo gobierno se lamentan por este tema.Rogelio Frigerio, Ministro del Interior, dijo recientemente que “hay sectores que son remolones para invertir”.

Al hacer este tipo de afirmaciones, en el gobierno y en la oposición actúan igual que José, quien a dos días de iniciar la dieta, se frustra porque no ve resultados inmediatos. Ignoran que después de años de mala alimentación, es normal que esto suceda.

Así que como primera conclusión, sería mejor armarse de un poco de paciencia en lugar de frustrarse tan rápido.

Ahora también hay un segundo punto del análisis que debe ser tenido en cuenta y es lo que pasa con la presión tributaria en Argentina.

Si uno mira el ranking del Banco Mundial que mide la tasa de impuestos totales que las empresas pagan como porcentaje de sus ganancias, nuestro país se encuentra en el segundo puesto, con un nivel de 137% sobre los beneficios. Además de ello, la periodista de El Cronista, Dolores Olveira, reveló la cantidad de impuestos que una empresa multinacional debe considerar a la hora de instalarse en el país.

Lo primero que surge de su análisis es que cualquier  empresa que desee operar en Argentina debe enfrentar el pago de una tasa del 35% a las ganancias. El gravamen a las ganancias empresarias es de los más elevados del mundo, por encima de países como Brasil, Australia y México, y muy lejos de los más competitivos como Estonia, Singapur o Irlanda, por citar algunos ejemplos.

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Ahora bien, además de tener que pagar un 35% de impuesto a las ganancias, cualquier compañía que decida comenzar a operar en Argentina debe considerar, al menos, otros 8 impuestos distintos, entre los que se encuentran la Ganancia Mínima Presunta, el Impuesto a los Bienes Personales, los Impuestos Internos, el Impuesto al Cheque, Ingresos Brutos, el Impuesto de Sellos y las Tasas Municipales.

Con semejante presión tributaria, y una historia de inestabilidad institucional, es difícil que el país pueda generar el shock de inversiones que tanto se promete.Además, con un gobierno comprometido con el gradualismo para resolver los problemas heredados, es normal que las inversiones también lleguen de manera gradual y que la “lluvia” tarde en aparecer.

Nunca es tarde para insistir con este tema. Los inversores del mundo tienen cerca de 200 países diferentes para decidir dónde llevar su dinero y sus emprendimientos. Si la carga tributaria en nuestro país no baja, entonces ellos elegirán otros destinos, y nosotros seguiremos siendo un país pobre.

Ahora para que esto último no suceda se necesitan dos cosas. La primera, la convicción de que menos impuestos es más crecimiento. La segunda, coraje político, porque para reducir los impuestos sin agrandar el déficit se necesita reducir mucho más el gasto público.

Y eso es algo que los políticos nunca quieren hacer para no perder sus privilegios ni sus votos.