¿De quiénes nos protegen los proteccionistas?

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Las políticas proteccionistas buscan protegernos de los productos importados. Sin embargo, eligen ignorar los motivos por los que esos productos quieren ingresar al país.

El lunes y martes de la semana que viene estaré en Rosario. Es que la ciudad santafesina será, nuevamente, el lugar donde se lleve a cabo el Congreso Internacional La Escuela Austriaca en el Siglo XXI.

La escuela austriaca de economía es una corriente de pensamiento cuyo punto de partida data del Siglo XIX, cuando en 1871 Carl Menger publicó su obra Principios de Economía. Sin embargo, las influencias de esta escuela pueden rastrearse mucho antes, desde Adam Smith  y Richard Cantillon, hasta la célebre Escuela de Salamanca del Siglo XVI.

Como venía diciendo, el lunes y el martes estaré en la Universidad Católica de Rosario, escuchando a los referentes más importantes de esta escuela, quienes presentarán sus trabajos frente a un auditorio de académicos y estudiantes. Quien escribe estas líneas también hará lo propio y, sinceramente, espero que todo salga como en años anteriores.

Estuve en este congreso en 2014 y también en 2012 y debo decir que ambas fueron experiencias fantásticas y de mucho aprendizaje. Son de estas cosas que le hacen bien a la mente y que nos permiten pensar “fuera de la caja”, como suele decirse, y también reflexionar sobre nuestros problemas actuales.

Pero vamos a lo que quería contar hoy. Preparando mi presentación para el Congreso, me topé con una muy buena frase de Henry George, economista norteamericano y padre del “Georgismo”, que defendía la imposición de un único impuesto sobre la tierra.

La frase en cuestión se refiere al comercio internacional y dice lo siguiente:

“La protección implica prevención (…) ¿Qué es lo que previene la protección mediante el arancel? El comercio. (…) Pero el comercio, del cual la “protección” intenta preservarnos y defendernos, no es como una inundación, un terremoto o un tornado, algo que aparece sin intervención humana. El comercio implica acción humana”

En lo primero que pensé luego de leerla fue en la discusión que está teniendo nuestro país en la actualidad. A parecer, lo peor que nos puede pasar a nivel económico no es la inflación del 40%…. tampoco es una presión impositiva que se lleva 200 días de nuestro trabajo por año... tampoco haber coqueteado con el chavismo bolivariano por muchos años…

Nada de eso. Para muchos sectores y referentes de la opinión pública, lo peor que puede pasarle a nuestro país es… ¡que crezcan las importaciones!

En efecto, las compras al extranjero están creciendo. No en dólares, porque sus precios caen en el mundo, pero sí en cantidades. En los primeros meses del año, las cantidades importadas han crecido 9,1%. Dentro de éstas,  se ve un fuerte crecimiento de los vehículos automotores (+45,7%), otro importante avance de los bienes de consumo (+22%), un aumento de la compra de combustibles y lubricantes (+14,7%) y un menor incremento de los bienes de capital, que también crecen, pero al 7,0%.

Frente a esta situación, muchos ponen el grito en el cielo. Y si bien no coincido con el reclamo, puedo comprenderlo. Es normal que aquellos que tienen que competir con los bienes importados se sientan incómodos. En tiempos de Juegos Olímpicos,podemos pensar que para Juan Martín del Potro sería más fácil que simplemente le entregaran la medalla de plata, en lugar de tener que librar verdaderas batallas tenísticas con rivales como Novak Djokovic o Rafael Nadal. Así que entiendo que sea preferible, para algunos empresarios, no competir y vender en un mercado cautivo producto del proteccionismo del gobierno.

Sin embargo, esto no es para nada beneficioso para los consumidores. De hecho, de un reciente estudio de la CAME puede concluirse que, de no haber barreras arancelarias en el país, los consumidores argentinos podríamos comprar indumentaria hasta un 78% más barata de lo que lo hacemos hoy en día.

Es aquí, entonces, donde cobra relevancia la frase de Henry George, porque nos lleva a preguntarnos por qué existe la necesidad o voluntad de importar. La importación no es una inundación, sino el acto voluntario de millones de consumidores que encuentran que es más ventajoso comprar algo hecho en el extranjero que algo fabricado en el suelo nacional. Ni más ni menos que la acción humana en libertad.

Pero esto jamás puede ser un problema para la sociedad como conjunto.

Si los consumidores tienen mayor ingreso disponible producto del ahorro que les generan las importaciones, bienvenido sea. Tendrán más dinero para consumir otros bienes y servicios que sí pueden elaborarse en el país; o bien tendrán dinero para ahorrar, lo que reducirá el costo que las empresas enfrentan para endeudarse y aumentar su inversión.

La economía no es un juego de suma cero. Y tampoco lo es el comercio. Tenemos que abrir la cabeza, si no queremos que los abrazos que nos “protegen”, terminen matándonos de asfixia.

Un saludo,

Iván.