Las víctimas japonesas de Apple y Google

Las victimas japonesas de Apple y Google

Apenas dos décadas atrás las empresas japonesas eran la vanguardia y marcaban la pauta tecnológica mundial. Hoy sus acciones se ubican en el fondo de la tabla y representan un gran riesgo para aquellos inversores que las miren con nostalgia.

El martes estaba en casa, buscando un álbum de fotos para mostrarle a un familiar. No encontré el que tenía en mente, pero apareció uno que me hizo viajar en el tiempo. Fue como un regreso al pasado, un momento de linda nostalgia.

Veo en ese álbum una serie de imágenes de mi niñez. En una se ve un viejo grabador que tenía en mi cuarto, en otra el centro musical familiar Panasonic, ¡Cómo olvidarlo! Si habré pasado horas escuchando a mis bandas favoritas.

Sigo mirando, y de pronto veo el viejo mini televisor de armazón colorado que teníamos en el comedor diario, era un Hitachi precioso, hoy es una codicia para los amantes de la deco vintage.

Recuerdo también cuando trajeron a casa el primer 20 pulgadas Toshiba, con imagen a color, ¡era lo más deseado en ese momento y éramos realmente afortunados de poder tenerlo! Algo similar a tener el mayor smart tv que hay hoy en el mercado.

Obviamente, debajo del Toshiba, estaba la videocassetera, era marca Sharp.

En otra imagen hasta me vi con mi walk-man, un Sony azul y blanco ¡imposible olvidarlo! Rebobinaba los cassettes con una lapicera para no gastar las pilas. Seguro que vos también…

Se veían a su lado unos infaltables cassetes TDK. Siempre había que tener a mano un par para poder grabar el mezcladito que la rompía en las fiestas.

Retorno al presente

Después de la cena, luego de que se fueran todos, me puse a pensar sobre qué era de la vida de esas grandiosas marcas japonesas que marcaron una época de mi vida y la de gran parte del planeta, al menos de los que andamos por los 40.

Por esos años, Japón estaba por lejos a la vanguardia en cuanto a tecnología, y todos moríamos por productos electrónicos de ese país. Eran lo último en diseño.

Un furor que podría compararse al que hay por algunos productos de Apple actualmente.

Como no podía ser de otra manera, comencé a revisar la evolución de las cotizaciones de mis añoradas compañías.

Panasonic había llegado a casi quintuplicar su valor entre 1985 y el 2000. Pero luego del 2000 había vuelto casi a su valor de 1985. Decepcionante.

Si mantuviste hasta hoy las acciones, habrías ganado en más de 30 años sólo 24%, menos de 1% anual y sin considerar eventuales reinversiones.

Algo similar, pero más vertiginoso es el caso de Sony. La acción valía US$ 2 en 1974. En 1985 cotizaba a poco menos de US$ 7 pero para 1999 llegó a cotizar a US$ 142. Tremenda ganancia en la era de oro japonesa.

Ahora quien compró por el año 1999 sí que debe haber sufrido… El papel se desplomó casi en caída libre para quedar en US$ 33 en 2001. E incluso ha caído más desde entonces y ahora  se negocia en torno a US$ 25. Como se ve a continuación:

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TDK también tuvo una evolución similar. En 1987 cotizaba a unos US$ 5 y pasó a casi US$ 150 para el año 2000. Ahora cayó un 66% desde ese punto y cotiza a US$ 62.

La escena se repite también para Hitachi, que en 1986 cotizaba a unos US$ 40, trepó a US$ 160 para el 2000 y ahora está de nuevo en la línea de US$ 40. La historia tampoco ha llevado a un crecimiento sostenido a Canon o Nikon.

Sharp está en situación peor inclusive, hasta con rescates financieros. ¡Su acción que valía US$ 25 en 2000  y hoy apenas poco más de US$ 1!

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Mi opinión

El futuro de las otrora grandes marcas japonesas no parece demasiado promisorio.

Si bien su precio parece muy tentador en varios casos, ante el análisis técnico, los fundamentos de largo plazo no parecen ofrecer sustento a un alza perdurable.

En algún momento de la carrera por la innovación tecnológica tropezaron y nunca más lograron retomar el ritmo.

Quizás puedan producirse algunos rebotes de corto plazo, dado que algunos papeles parecen muy baratos a los ojos del inversor. Pero no las veo como una gran opción para buscar rentabilidad sostenible.

Esta vez, parece que al viejo y querido walk-man no lo salvará ni un cambio de pilas.

Saludos,

Federico