Por qué empezamos el año con el pie izquierdo

Por qué empezamos el año con el pie izquierdo

Las acciones tuvieron un fuerte traspié en la primera semana de 2016. Con esto, el Merval terminó de perder todo lo ganado desde las elecciones. ¿De dónde sopla el viento de frente para Argentina? La respuesta asombra por su dualidad.

Quiero compartir con usted mi primer error del año: haber creído que enero sería tranquilo. Después del intenso 2015 que vivió la Bolsa argentina, pensaba con optimismo que 2016 tendría una cara más amigable para el inversor.

Nada más alejado de la realidad. El mercado, con ferocidad, nos “mostró los dientes” y nos da la pauta de que será una fiera difícil de domar.

El año inició de la peor manera para las acciones argentinas. El Merval perdió un 3,2% en la semana, y sólo evitó una caída mayor porque las cotizaciones atadas al dólar se mantuvieron firmes. Pero hubo papeles líderes como Aluar (ALUA) y Siderar (ERAR) que finalizaron la semana con reducciones en torno al 10%.

El derrotero del mercado y la mala performance de las últimas ruedas confirman un escenario que muchos analistas ya teníamos en mente pero no nos animábamos a aseverar: el regreso del Merval a la zona de los 11.300 puntos.

Esto quiere decir que la Bolsa local perdió toda la ganancia acumulada desde el 23 de octubre, última jornada antes de las elecciones del 25-O. En números, hablamos de un descenso del 20% desde el pico máximo que alcanzó antes del balotaje —hasta el viernes 8 de enero.

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¿Dónde se fue todo el optimismo? ¿El atractivo de las acciones fue una mera ilusión? ¿Solamente ganaron los que “compraron con el rumor y vendieron con la noticia”?

Si bien cometí el error inicial de esperar tranquilidad en las primeras semanas de 2016, no me voy a equivocar al afirmar que las respuestas a esas preguntas nos conducen a un entramado mucho más complejo, con múltiples causas.

Por eso resulta fundamental que nos hagamos la idea de que nuestras elecciones financieras del año van a depender de una variedad de cambios.

 

Qué hay detrás del desplome

De forma inevitable, los papeles argentinos sucumbieron a un sombrío “efecto dominó” global y a cambios en la política monetaria argentina. Si bien eran tendencias prexistentes en diciembre, se aceleraron en este 2016.

Veamos primero qué ocurrió en el mundo…

Las primeras cinco ruedas del año fueron sinónimo de hostilidad y vimos a las principales bolsas caer en cadena una a una.

La secuencia la iniciaron los conflictos geopolíticos en Medio Oriente. Esta vez y con la religión como excusa, se dio una ruptura insalvable entre dos potencias petroleras y armamentísticas como Arabia Saudí e Irán.

Luego, malos datos económicos en China y la decisión por parte del Banco Popular de no devaluar el yuan, dieron pie a un hundimiento sin igual de la Bolsa de Shanghai, que incluso debió suspender sus operaciones por un día. Este fue el canal de contagio al resto del sistema financiero.

El siguiente capítulo tuvo a los mercados estadounidenses como protagonistas. Los emblemáticos índices Dow Jones y S&P 500 tuvieron el peor arranque de año de toda la historia luego de perder un 6% en apenas una semana. Esto toma mayor trascendencia luego de los magros resultados que tuvieron en 2015.

El otro actor de peso en este trágico dominó fue el petróleo, que a las cuestiones previas de exceso de oferta ahora se le suma la amenaza de un menor crecimiento global. Con estas perspectivas, la cotización del crudo tocó la cotización más baja en los últimos 12 años: US$ 33 por barril.

En este escenario dantesco, no tenemos que olvidarnos del factor Brasil, el principal socio comercial de Argentina. El país vecino está padeciendo una fenomenal crisis política que tiene en jaque a Dilma Rousseff. Para colmo, la economía está en recesión, su moneda —el real— no detiene su marcha devaluatoria y, con razón, las acciones no repuntan. En 2015 la Bolsa de San Pablo cayó un 10% y la tendencia no será fácilmente reversible.

[Para conocer más sobre las tendencias de los mercados globales, lo invito a leer a Diego Martínez Burzaco (editor de Crisis & Oportunidad) y a Sebastián Maril (editor de Mercado en 5 Minutos)].

A grandes rasgos, el viento de frente para Argentina sopló desde aquellas múltiples direcciones. Pero también hay cuestiones de peso en el plano doméstico.

El cuadro se termina de completar con la política que está encarando el Banco Central de la República Argentina (BCRA). En pos de bajar la inflación, encendió la aspiradora y está retirando muchos pesos de circulación.

Si este objetivo se cumple, será algo muy positivo para todos los argentinos ya que el poder de compra de los pesos será mayor.

Sin embargo, en el corto plazo, el uso de la “esterilización” —así es como se conoce la política de quitar pesos de circulación— compite con las inversiones en la Bolsa. La explicación radica en que el BCRA ofrece títulos que pagan una tasa de interés a cambio de los billetes.

Mayores rendimientos seguros en pesos son un incentivo difícil de rechazar para los inversores mayoristas, especialmente ahora que el dólar está calmo. En consecuencia, los inversores salen de sus posiciones en acciones y buscan una rentabilidad cierta en los títulos que emite el Banco Central.

Para que usted tome real dimensión de los volúmenes que se manejan en el sistema, vea la siguiente comparación.

En enero, el monto operado por día en acciones promedia los $ 135 millones, un dato históricamente bajo.

Pero si esa cifra la comparamos con la esterilización de la semana pasada, el volumen de acciones queda minúsculo. En la licitación del último martes, el BCRA captó $ 22.978 millones.

Es decir, en una sola semana la autoridad monetaria aspiró una cantidad de pesos equivalente a 170 ruedas —8 meses y medio— de operatoria de acciones.

Para más información sobre esta maniobra del BCRA, puede ver ésta columna que escribí el mes pasado.

 

El fantasma de la volatilidad

Sabemos que el mercado ya era chico. Pero mientras las nuevas inversiones desde el exterior o del colchón no se canalicen en la Bolsa, la plaza se seguirá comprimiendo al ritmo de las tasas altas.

Con noticias poco alentadoras desde el mundo y negocios domésticos más pendientes del llamado “mercado de dinero”, el panel de acciones está dominado por la volatilidad.

Con excepción de papeles muy puntuales, básicamente estamos viendo una cantidad reducida de operaciones y bajos montos negociados. Esto sin dudas dificulta que los inversores encuentren su contraparte compradora o vendedora en un mercado bastante más seco, lo que amplifica el llamado “riesgo de liquidez”.

Con esto en mente, si usted es muy conservador, le sugiero estar lejos de las acciones durante un tiempo. Es clave saber elegir las batallas y los bonos pueden ser un buen refugio alternativo en épocas de volatilidad.

Si usted tolera un poco más de riesgo y, como yo, ve el potencial de Argentina, le recomiendo manejarse con cautela durante estos meses. El antídoto natural a este presente incómodo consiste en invertir a largo plazo y aprovechar el precio de descuento de muchos papeles.

Visión, paciencia y valentía son atributos que pagan. Al igual que en otros ámbitos, en la Bolsa se cumple lo que afirmaba José Ingenieros:

“A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso”.

Por una nueva inversión exitosa,

Nery