¿Nos hemos equivocado al hablar de una nueva depresión?

¿Nos hemos equivocado al hablar de una nueva depresión?

Llevamos tiempo hablándole de que una nueva depresión se aproxima, pero ahora nos planteamos si estábamos equivocados al barajar esa posibilidad. Descubra si nuestra predicción es acertada o errónea a continuación.

Desde hace algún tiempo decidimos examinar cómo es la tierra que está debajo de nuestros pies.

¿Es sólida?, nos preguntamos.

Y al hacernos esta pregunta lo que buscamos es ver dónde podemos estar equivocados.

Seguramente es cierto que la deuda mundial ha aumentado mucho más rápido que la producción económica en el último medio siglo, y que el sistema de dinero posterior a 1971 ha permitido un aumento masivo del crédito.

Sin lugar a dudas, también es cierto que los mercados y las economías todavía se mueven siguiendo patrones cíclicos –inhalan y exhalan como siempre lo han hecho.

A pesar de tener entre sus filas a un amplio número de economistas doctorados, hasta donde sabemos, la Reserva Federal sigue siendo incapaz de derrotar o controlar el ciclo económico completo.

Tampoco puede evitar que los precios de los activos –como ocurre en el mercado de valores, por ejemplo- vayan arriba y abajo.

Lo que también sabemos es que las acciones han ido (más o menos) en una trayectoria descendiente desde 1982 y que en la actualidad están mucho más cerca de la parte superior del rango que de la parte inferior. Esto también se puede aplicar para los bonos. Los tipos de interés e inflación (que van en dirección contraria a los precios de los bonos) han bajado desde 1983. Ahora, ambos están cerca de mínimos históricos.

Lengua financiera bífida

Desde la guerra entre los Estados (erróneamente conocida como la Guerra civil americana), el periodo típico de expansión económica ha sido de 39 meses.

La expansión actual ya ha durado más de dos veces ese tiempo. Así que aquí usted también tiene que preguntarse si está llegando a su fin.

Hasta aquí todo correcto, estamos en tierra firme. Por factores históricos, tradicionales y lógicos, deberíamos esperar algún cambio.

Nuestro propio indicador señala que usted debe estar preparado para perder alrededor de la mitad de su capital en el mercado de valores estadounidense en los próximos diez años.

Pero cuando miramos hacia la Fed, sus políticas y sus posibles efectos en los mercados, toca ponerse las botas de agua. El suelo rápidamente se reblandece.

Existen multitud de opiniones -todas muy dispares- sobre lo que la Fed ha logrado –bueno o malo- con su expansión cuantitativa (QE por sus siglas en inglés) y su política de bajos tipos de interés a corto plazo.

Parece que solo ha dado grandes cantidades de dinero a las clases adineradas, pero no mucho más. El balance de la Fed se ha hinchado hasta aproximadamente 4,5 billones de dólares, así que lo que se podría esperar sería unos precios al consumidor más altos.

Pero, al menos hasta el momento, las principales fuerzas de la economía parecen estar empujando en la otra dirección.

Las exportaciones están cayendo. Los costes de envío están rozando nuevos mínimos. El sector manufacturero está en crisis. La maquinaria de construcción no se está vendiendo. La economía de China se está cayendo a pedazos. El precio de las materias primas se han derrumbado. Y podríamos seguir así un buen rato.

El peso de la deuda está desacelerando el crecimiento y empujando hacia abajo los precios al consumo.

El dinero barato anima a la especulación, las fusiones y las adquisiciones.

Esto crea una especie de lengua financiera bífida. Los precios de los activos nos dicen que “todo está bien”, mientras que la economía nos dice que no es oro todo lo que reluce.

La deflación y la depresión

Todo esto lleva a otra incógnita.

Nosotros creemos que está contradicción se resolverá en el mercado con una venta masiva de valores, deflación y depresión.

Por supuesto, podríamos estar equivocados. Podría resolverse con un gran incremento. Pero eso parece muy poco probable dada la carga de deuda, regulación e incentivos perversos creados por las políticas de los compinches y la mala asignación de recursos (errores) causados por el crédito a tipos de interés cero.

También podría resolverse tras un largo periodo en los mercados sin demasiada actividad, dando a la economía la oportunidad de caminar por el camino que Wall Street ha empedrado para ella.

Pero esto también parece poco probable.

Cuando los mercados se encuentran varios pasos por delante de las economías que los apoyan, por lo general no esperan que las economías se pongan al día; en su lugar, se dan la vuelta.

Mientras tanto, la Reserva Federal dice que ha comenzado un “ciclo de ajuste”.

Este es el primer ajuste real –si es que es real- emprendido por la Fed desde poco antes de la crisis financiera de 2008, cuando subió los tipos a corto plazo aproximadamente un 1% en 2004 a poco más de 5% en 2007.

Helados y galletitas

La fórmula que defendía el economista John Maynard Keynes para la gestión económica era simple: Afloje en los tiempos difíciles; apriete en los tiempos fáciles.

Durante más de 20 años, el banco central de Estados Unidos ha aflojado pronto y con demasiado frecuencia, llevando el coste del dinero a niveles mínimos.

Pero prácticamente se ha olvidado de cómo apretar. Es como si alimentas a un niño a base de helados y galletitas, lo único que puedes crear es un joven malcriado.

Ahora, la Fed propone alimentarle con unas verduras.

Una vez más, no sabemos hacia dónde nos conduce esto, pero estamos bastante seguros de que serán necesarios algunos ajustes.

No nos sorprendería si esto significa alguna rabieta.

En nuestra opinión, la Fed no está apretando demasiado pronto, como aseguran algunos analistas, sino demasiado tarde.

El alto contenido de fructosa ya ha pasado factura. Los dientes están podridos y la economía no puede soportar una dieta normal.

Continuará…

Saludos,

Bill Bonner

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.