Dos reglas para hacer compras de oportunidad en la Bolsa

Dos reglas para hacer compras de oportunidad en la Bolsa

Mercados e inversores parecen estar transitando el mismísimo infierno. Pérdidas de dos cifras en lo que va del año configuran un presente dantesco. Para sobrevivir y aprovechar al máximo la ocasión le dejo una regla emocional y otra de valuación de gran utilidad.

Apocalíptico, infernal, terrorífico, pavoroso. Éstos son algunos de los calificativos que se me vienen a la cabeza a la hora de ponerle una etiqueta a este año en los mercados. Y quizás estoy siendo generoso en la valoración.

Para colmo, estas semanas han sido terreno fértil para las emociones negativas y todas las decisiones derivadas de ellas. La racionalidad brilla por su ausencia, los objetivos estipulados se desvanecen y el horizonte se acorta al máximo. Así, las ventas apresuradas convalidan cualquier precio y las pérdidas de los que seguimos “comprados” se potencian.

Cuando digo “comprados” me refiero a tener acciones en cartera. Y la primera persona del plural no es un recurso editorial sino una realidad. Yo también estoy viendo caer mi portafolio. Más abajo, le cuento por qué no enloquecí todavía…

Lo cierto es que con el mundo notoriamente en contra —tema muy abordado en los últimos newsletters—, Argentina no pudo escapar de la espiral bajista.

El contagio sacudió con fuerza al Merval, el principal índice accionario local, que perdió un 14% de su valor en tan solo dos semanas. Con esto, retrocedió varios casilleros y volvió al umbral en el que estaba antes de las elecciones de octubre.

Pero como dicen, “siempre que llovió, paró”. Estoy convencido de que ya vimos lo peor. El escaso volumen que vemos en la plaza no puede seguir arrastrando los precios mucho tiempo más.

Por eso, para que usted pueda sobrellevar este momento, comparto humildemente dos reglas que pueden servirle de guía en sus decisiones de inversión, y que refieren tanto a lo emocional como a cuestiones objetivas.

 

Primera regla: dominar el ciclo de emociones

Me gusta definirme como un conocedor, no del mundo, sino de mí mismo. Numerosas experiencias en el pasado contribuyeron a echar luz sobre aspectos de mi persona que me eran ajenos. El aprendizaje fue vital.

De alguna forma, todos pasamos por lo mismo. Nadie nace sabiendo invertir, sino que vamos armando el rompecabezas en el camino, mientras lo transitamos. Como una espada de acero, las violentas transiciones térmicas y los reiterados golpes nos van forjando. Somos el producto de la educación, los aciertos y los errores.

Gracias a esa “escuela”, también aprendí a identificar y controlar mis emociones. Todo suceso objetivo se procesa subjetivamente con un filtro emocional. Si este tamiz no funciona correctamente, la interpretación de los hechos y las decisiones que tomamos luego pueden conducirnos a graves equivocaciones.

Y en la Bolsa, las equivocaciones son sinónimo de pérdida de dinero. Para evitar ese camino pernicioso, el primer paso en el sentido correcto para no enloquecer ante las caídas es visualizar y dominar el ciclo de emociones.

El sinuoso recorrido de picos y valles del mercado no queda limitado a los precios de los activos, sino que también está en la psicología individual. De esta forma, la montaña rusa de las emociones también amplifica los movimientos de la Bolsa.

Nunca se olvide del siguiente gráfico al momento de invertir.

graf

Con este el ciclo presente, ya podemos quitarle un poco el dramatismo a la coyuntura porque, sin dudas, la debacle actual está siendo amplificada por emociones negativas.

Es más, si me permite, le doy un consejo no de economista, sino de corredor: baje las revoluciones. El mercado agitado es equivalente a tener elevadas pulsaciones por minuto porque, en cualquiera de los dos casos, se hace muy difícil respirar, pensar y ver otra perspectiva.

Por lo tanto, necesitamos una bocanada de aire fresco en este marco asfixiante. Tenemos que recuperar el control de nosotros mismos. Es imposible determinar el precio futuro de las acciones. Por eso, lo único que podemos hacer en dominar nuestra reacción ante las bajas.

Recuerde controlar el filtro emocional, porque de él depende buena parte del éxito o fracaso inversor.

Con la cabeza y las emociones más oxigenadas, las elecciones, al ser más racionales, tienen menor margen de error.

 

Segunda regla: saber cuándo comprar barato

A riesgo de sonar obvio, esta premisa es fundamental para explotar las oportunidades. Claro que la dificultad radica en otro campo. Como afirma Jim Rogers, “comprar barato y vender caro es bastante sencillo. El problema es saber qué es barato y qué es caro”.

Por suerte, los economistas y analistas tenemos algunas herramientas simples pero poderosas para facilitarnos la tarea de buscar precios atractivos.

Uno de los indicadores más útiles para saber si los activos están baratos es el Ratio Precio / Valor Libros (P/VL). Esta métrica es una simple división entre la cotización de mercado y el valor contable de las acciones —o aquel derivado de sus balances.

Cuando el P/VL es mayor a 1, quiere decir que el mercado considera que las acciones son más valiosas que lo que dicen los estados contables. En el caso contario de una relación inferior a 1, la lectura es que el mercado está valuando los papeles por debajo de su valor de libros.

Normalmente vemos con mayor frecuencia el primer caso. Un P/VL mayor a 1 es una señal de que las empresas tienen buenas perspectivas y que tienen un potencial implícito que escapa a lo que dicen los balances.

Pero hoy estamos viendo lo contrario en muchas compañías, en especial las que están vinculadas al petróleo. A modo de ejemplo, Petrobras Brasil (APBR) muestra un ratio P/VL de 0,47 veces. Es decir, el mercado le está poniendo un precio que es el 47% de lo que indican sus libros. En tanto, para YPF (YPFD) esa relación es de 0,88 x.

El análisis de ratio Precio / Valor Libros también sirve para los índices o mercados en general. El siguiente gráfico muestra la evolución de esta métrica para el Merval.

graf-2

Hoy, las acciones que componen el índice se están negociando a una relación P/VL de 1,38 x. En otras palabras, el Merval opera en un nivel que está apenas un 38% por encima de sus valores contables. Esta cifra se aleja bastante del promedio de los últimos dos años (1,85 x) y más todavía de los ratios de 2014.

Conviene aclarar que esta baja importante no hubiera sido posible sin la caída de los precios de acciones petroleras, que tienen un peso significativo en el índice.

No obstante, es innegable que el Merval sí luce más atractivo que en el pasado. El acercamiento a su valor contable es una señal que los precios son atractivos.

Si a esta percepción de índice barato —regla número dos— le sumamos que nos acercamos al punto más bajo del ciclo de las emociones —regla número uno—, creo que el punto de máxima oportunidad financiera está a la vuelta de la esquina.

¿Cuándo llegará exactamente ese quiebre? No lo sé, pero ya hay que empezar a tomar cartas en el asunto, siempre en función del riesgo que cada uno quiera asumir.

La única certeza es que “el momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer”.

Por una nueva inversión exitosa,

Nery