Kirchnerismo cultural

Kirchnerismo cultural

En el tema de los precios, 12 años de populismo kirchnerista parecen haber calado hondo. Si bien el nuevo gobierno reconoce las causas monetarias de la inflación, insiste con acusar a empresarios  y los amenaza con tomar medidas.

Durante los doce años de gobierno kirchnerista, los precios medidos por índices privados aumentaron entre 800% y 900%. Claro que si uno toma productos aislados, estos pueden haber subido algo menos, o incluso por encima de estas mediciones promedio. El litro de nafta súper, por ejemplo, subió 588% desde diciembre de 2003, mientras que el kilo de asado trepó un asombroso 1827%.

Los gobiernos de Néstor y Cristina, fieles a su estilo netamente intervencionista, oscilaron entre dos posturas para abordar este problema. La primera y más visible fue la negación tajante de la realidad. Todos recordamos cuando, en una charla con alumnos de la prestigiosa Universidad de Harvard, Cristina Fernández de Kirchner afirmó que “si la inflación fuera del 25%, el país estallaría por los aires”.

En ese momento, el INDEC informaba que los precios subían al ritmo del 10% anual, mientras que la realidad más que duplicaba ese guarismo.

La segunda actitud del gobierno fue desligarse por completo de la responsabilidad en la destrucción del poder de compra del peso. Así, exportadores, productores, empresarios, supermercadistas y especuladores varios fueron blancos, no solo de críticas, sino de medidas de control destinadas exclusivamente a reducir los precios y, consecuentemente, las rentabilidades de sus negocios. En paralelo, la entonces presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, nos ilustraba aseverando que “es totalmente falso decir que la emisión monetaria genera inflación”.

En este marco, es muy saludable y un verdadero paso hacia adelante escuchar que el nuevo presidente del Banco Central considera que la misión principal de la organización que lidera es la de tener una inflación baja y una moneda confiable.

Sin embargo, las declaraciones de otros funcionarios y del mismísimo presidente hacen pensar que la herencia cultural del kirchnerismo es más grande de lo que podía suponerse. En la última reunión de la UIA, Mauricio Macri afirmó que, como gobierno, tiene “los instrumentos necesarios para corregir cualquier abuso que tengamos en los aumentos de precios”.

Más tarde, el flamante Ministro del Interior, Rogelio Frigerio, apuntaló el argumento:

“Vamos a usar todos los resortes del Estado, todo los instrumentos que tiene el Ministerio de Economía y de Producción para evitar que (el aumento de precios) suceda (…) vamos a llamar a una mesa de diálogo a empresarios, trabajadores y Estado para evitar que eso pase (…) No queremos tener un Moreno, no queremos tener matones, pero queremos tener un Estado presente”

Marcos Peña, Jefe de Gabinete, no se quedó atrás al aseverar que “no vamos a ser tolerantes con la especulación a costa de la gente”.

Una cosa es cierta, los precios aceleraron su ritmo de aumento en noviembre y también lo harán en diciembre producto del anuncio de medidas de liberalización. Pero como intenté explicar en esta misma columna dos semanas atrás, esto es lo que siempre sucede cuando se acude a la estrategia combinada de emisión monetaria y control de precios. En definitiva, el culpable no es el que sincera la economía, ni mucho menos los empresarios, sino el gobierno que generó inflación y luego buscó reprimirla con controles que amenazaron con fundir al sector productivo.

En este marco, es un error del gobierno actual amenazar con tomar medidas como las que tomaba el mismo kirchnerismo, solo que con buenos modales. En definitiva, quien ahora aparece como el malo de la película, Guillermo Moreno, dejó su cargo en diciembre de 2013 pero las cosas no mejoraron con los buenos modos de su sucesor Augusto Costa.

Los precios no son más que acuerdos voluntarios entre las partes para intercambiar bienes y servicios. Si algún precio en particular sube, muestra que determinado bien se volvió más escaso, lo que exige mayor producción. Controlarlos con la excusa de que determinadas subas son abusivas, solo conduce a inhibir este proceso, lo que termina afectando el potencial productivo del país y, por tanto, el bienestar de todos.

Federico Sturzenneger, el nuevo presidente de la autoridad monetaria, parece haber entendido que la inflación no es responsabilidad de los empresarios, sino del Banco Central. Sería bueno que se lo comunique al resto de quienes conforman el nuevo gobierno, ya que si se acepta la herencia cultural del kirchnerismo, no solo no bajarán los precios, sino que seguiremos condenados a vivir muy por debajo de nuestras posibilidades.

Un saludo,

Iván