Mi encuentro con el mayor espía de los Estados Unidos

Mi encuentro con el mayor espía de los Estados Unidos

La única persona que ha sido director tanto de la Agencia Nacional de Seguridad como de la Agencia Central de Inteligencia, es el General retirado, condecorado con 4 estrellas, Michael Hayden.

El pasado 1 de junio, tuve la oportunidad de conversar con Mike Hayden en el Capitolio de Washington, DC.

Ambos asistimos al cónclave organizado para discutir el estatus de las negociaciones entre los Estados Unidos e Irán, con respecto al enriquecimiento de uranio y el programa iraní de armas nucleares.

En el encuentro pudimos hablar sobre mi especialidad, es decir, las situaciones conflictivas del mundo financiero y el impacto potencial de éstas sobre los inversores.

Demás está decir que las ideas del General Hayden fueron fascinantes.

La carrera de este personaje, tanto en el ámbito militar como en el rol de oficial de inteligencia abarca cuatro décadas, que comienzan con su papel de oficial de la Fuerza Aérea en 1969.

Desde 1980 a 1982, se desempeñó como jefe de inteligencia en la base aérea de Osan en Corea del Sur. De 1996 hasta 1997, dirigió la Agencia de Inteligencia Aérea, que hoy forma parte de la vigésimo quinta Fuerza Aérea, una de los 17 órganos autónomos que conforman la Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos.

Junto al General Michael Hayden en el Capitolio de Washintong D.C., el 1 de junio de 2015. El General Hayden es la única persona que ha prestado servicios como director tanto de la NSA como de la CIA.

Desde 1999 hasta 2005, fue director de la NSA, en Fort Meade, Maryland. La entidad en cuestión es la agencia principal de espionaje técnico y digitalizado en el país.

Por años, la mera existencia del organismo era información clasificada; los miembros de la comunidad de inteligencia la negaron.

Como respuesta a los ataques del 11 de septiembre, en 2004 el Congreso de los Estados Unidos creó la oficina del Director de Inteligencia con John Negroponte a la cabeza.

De 2005 a 2006, el General Hayden fue director adjunto de Inteligencia Nacional bajo la identidad de John Negroponte. Por último, en ese mismo año Hayden se convirtió en el vigésimo director de la CIA, puesto en el que se mantuvo hasta 2009.

Dada la trayectoria profesional de Mike Hayden en agencias de inteligencia y estrategia militar y su pericia en la división de inteligencia, tanto de carácter electrónico (ELINT) como humano (HUMINT), no es una exageración catalogarlo como el mayor espía de los Estados Unidos.

Esa no fue la única oportunidad en la que pude hablar con el General Hayden. En una reunión anterior, mientras aún trabajaba para la CIA contó una historia fascinante sobre la época en la que prestaba servicio militar en la embajada del país ubicada en la República de Bulgaria, durante la Guerra Fría.

Estaba por abordar un tren para viajar de un extremo del país hacia el otro, haciendo notas mentales sobre vehículos blindados vistos en las vías muertas del ferrocarril, la dinámica de los cargamentos de carbón, así como cualquier otro indicador que permitiera comprender como funcionaba la economía allí.

Estuvo buscando rastros de tropas soviéticas.

En una oportunidad, compartió el vagón de un tren con tres jóvenes soldados soviéticos, quienes al ver su uniforme de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos asumieron que no hablaba ruso.

Procedieron a ingerir alcohol en el tren, hablando despreocupadamente entre ellos. La charla se tornaba más locuaz y animada, a medida que el vodka hacía de las suyas.

Finalmente, justo antes de desembarcar, el General Hayden saludó a los soldados soviéticos en un ruso fluido, dejándolos estupefactos al darse cuenta de que había entendido cada palabra que decían.

En otras ocasiones, Hayden salía a la calle vestido de civil y escuchaba conversaciones entre los trabajadores de las construcciones, para tener una idea acerca de los precios al consumidor, disponibilidad de alimentos y combustible, así como otros indicadores económicos básicos.

En la mayoría de los casos, los mejores espías no responden al glamoroso prototipo de James Bond, sino que se caracterizan por su amplio dominio de técnicas de espionaje y la paciente ejecución de las mismas, sumado a un conocimiento extenso sobre lenguas y culturas extranjeras.

En este sentido, la proveniencia de la clase trabajadora de Pittsburgh fue de gran ayuda para Mike Hayden, incluyendo el tiempo que dedicó a prestar servicios como conductor de taxis durante la universidad.

Mi conversación con este personaje giró en torno a mi especialidad, inteligencia de mercado (MARKINT), y las actuales guerras financieras entre los estados Unidos, Rusia e Irán.

Una observación con respecto al MARKINT. Preste atención a este gráfico de la Bolsa francesa desde el 9 al 13 de noviembre de 2015:

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La caída de 3,4% desde el mediodía del miércoles 11 de noviembre, hasta el cierre de la jornada del viernes 13 (antes del ataque) es aterradora. Es el mismo comportamiento que vimos en Project Prophesy en American Airlines y United Airlines antes del 11 de septiembre (tópico tratado en el capítulo 1 de mi libro, The Death of Money).

Un gráfico sobre el comportamiento de la bolsa en sí mismo no prueba nada.

Un análisis de inteligencia de esto requiere de más datos y poder de procesamiento. Pero, a medida que más información sale a luz, podemos ver que al menos 25 personas, o incluso más, así como varios servicios de inteligencia, tenían información previa sobre el ataque (cosa que no es sorprendente en realidad).

No obstante, volviendo a la reunión, Hayden estuvo de acuerdo conmigo en que los conflictos financieros serán el detonante de la guerra en el siglo XXI.

En esa línea, hizo mención a las sanciones financieras como “los PGMs del siglo XXI”, que se refiere a Municiones Guiadas de Precisión.

De hecho, el congelamiento de activos reemplazaría a los misiles como mecanismo para inhabilitar al enemigo.

Entre 2011 y 2013, los Estados Unidos se mantuvo en guerra con Irán, antes de comenzar formalmente las negociaciones con respecto al enriquecimiento de uranio de la nación árabe.

Los pactos secretos en este sentido han tenido lugar durante años pero la EE.UU. quiso ejercer presión para acelerar el ritmo de las negociaciones y obtener resultados concretos.

Estos tratados tenían como propósito evitar un ataque, bien fuese por parte de Israel o de los EE.UU.

En principio, este país excluyó a Irán del sistema de pagos en dólares, a lo que la nación árabe respondió cambiando a un mecanismo en euros, francos suizos y otras monedas duras.

Luego, Washington y sus aliados expulsaron a Irán del sistema de pagos internacional, llamado Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Internacionales, o SWIFT (por sus siglas en inglés).

Esto implicaba que el país petrolero podía vender crudo pero no podía cobrar por él en moneda dura. En esa misma línea, éste tuvo que recurrir al oro y el trueque para obtener las importaciones necesarias de combustible y otros productos de primera necesidad.

La exclusión de los mecanismos de pago mencionados provocó que los ciudadanos iraníes retiraran dinero de los bancos locales, para luego comprar dólares de manera ilegal en el mercado paralelo.

Esta corrida bancaria obligó al Banco Central iraní a elevar las tasas de interés. Por su parte, la tasa de cambio del dólar en el mercado negro evidenciaba que la divisa local había perdido la mitad de su valor.

Todo esto resultó en una hiperinflación. La combinación de corridas bancarias, inflación, colapso de la moneda, tasas de interés excesivamente altas y la escasez de productos importados fue desestabilizadora.

A ese punto, Estados Unidos pudo haber endurecido las sanciones aún más para provocar un cambio de régimen en Irán.

Pero en lugar de ello, en diciembre de 2013 el presidente Obama eliminó muchas de las imposiciones, a cambio del inicio formal de las negociaciones en torno al programa de armas nucleares iraní.

Dichas negociaciones se han mantenido desde entonces y el acuerdo será expuesto al Congreso, para su consideración.

Para el General Hayden el trato en cuestión no es positivo para la nación, debido a que carece de procedimientos de verificación.

Según su criterio, el servicio de inteligencia nacional es bueno pero no lo suficiente como para tener certezas de si Irán está tratando de “librarse” del convenio y meterse de lleno con las armas nucleares.

Hayden me dijo que la unidad de “Inteligencia Estadounidense Unilateral no es lo suficientemente efectiva para verificar los cumplimientos. Irán debe estar de acuerdo con un régimen de inspección intrusiva. Este organismo es bueno para proporcionar una gran cantidad de información pero no tiene la capacidad de constatar que la nación árabe acate lo acordado”.

A cierta altura de la guerra con Irán, Estados Unidos estuvo en una posición ganadora, sin embargo declaró una tregua antes de completar el objetivo. Ahora nos enfrentamos a un acuerdo nuclear no verificable.

Si el régimen de inspecciones se rompe, lo que es probable, Washington puede regresar a la guerra financiera con el país de Medio Oriente. El procedimiento para imponer nuevamente sanciones económicas, si Irán no cumple con sus obligaciones en virtud de un acuerdo nuclear, es conocido como “snapback”.

Estados Unidos también se encuentra en guerra financiera con Rusia, como respuesta a la anexión de Crimea al territorio ruso y su apoyo a los separatistas en el este de Ucrania.

Rusia también ha intervenido directamente en Siria para apoyar a su aliado, Bashar Assad. Washington, por supuesto, se opone a esta figura.

En Rusia, se han impuesto varias sanciones financieras, que incluyen la prohibición de la refinanciación de la deuda corporativa en moneda dura en Estados Unidos o en los mercados de capitales europeos.

Washington y sus aliados aún no han llegado al punto de expulsar al país del sistema de pagos SWIFT, un proceso conocido en los círculos de las guerras financieras como “de-swifting.”

El primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, ha dicho que la destitución de Rusia sería considerada como un “acto de guerra” sujeto a represalias militares. La capacidad de esta nación para tomar acciones en contra de los Estados Unidos en una guerra financiera es de mayor magnitud que la de Irán.

Rusia cuenta con una “ciberbrigada” de 6.000 miembros, capaces de cerrar la Bolsa de Valores y los bancos en territorio estadounidense. Esta herramienta no sería empleada por Moscú de manera casual, sino en caso de que la presión económica de Washington se agudice demasiado.

Dados los recientes conflictos financieros que involucran a Irán y a Rusia, le pregunté al General Hayden si Estados Unidos está abusando de sus armas en este sentido.

Actualmente, los instrumentos en cuestión son extremadamente poderosos. No obstante, la historia revela que cada ofensiva es contrarrestada por fuertes defensas, y eventualmente, éstas se vuelven obsoletas ante la optimización de las armas ofensivas del enemigo.

Con Estados Unidos ejerciendo presión financiera sobre Irán, Rusia y China, ¿no es probable que estos países puedan crear sus propios sistemas de pagos, desarrollar sus propios bancos y monedas de reserva, para luego darle la espalda al sistema del dólar por completo?

Si este grupo de países, así como Turquía y otras naciones dejan de confiar en el dólar estadounidense, el sistema perdería su potencia como arma.

En concreto, le pregunté a Hayden si Washington estaba dando por sentado que el dólar es una fuente de fortaleza en el contexto de una guerra financiera.

El general Hayden estuvo de acuerdo en que esto es un problema, que tal vez no tenga cabida hoy, pero si un futuro no muy lejano.

Según sus propias palabras, “cuanto más se hace uso de sanciones, éstas tienden a ser menos eficaces, en vista de que se convierten en una motivación para el adversario, en lo que a desarrollo de métodos de pago alternativos se refiere. No estoy seguro de si un nuevo mecanismo en este particular será definido antes de la implementación de medidas sobre Irán, pero si no es para entonces, muy probablemente sea después de ello”.

El General Hayden también hizo mención a lo que llamó “la dinámica del hecho desagradable”. Explicó que esto sucede cuando se está en el deber de comunicar noticias muy malas al presidente.

Manifestó que dicha conversación puede comenzar de la siguiente manera: “Señor, con respecto a la guerra que esperábamos comenzar hoy…”. En el ámbito de las batallas de hoy, esa declaración podría aplicarse tanto a los ataques cibernéticos en los mercados bursátiles, como al bombardeo de un bunker en Irán.

Para los inversores, las implicaciones de esta nueva era de guerras financieras y el uso de técnicas de inteligencia para obtener ganancias son de gran magnitud. Los mercados de bonos y acciones siempre se han visto afectados por este tipo de conflictos. No obstante, en el pasado las guerras se libraron en lugares lejanos —bonos y acciones simplemente ajustaron sus precios ante la nueva situación del mundo.

Hoy en día, los mercados no son espectadores; sino que son la zona de impacto, el “ground zero”. Es fascinante conocer oficiales ámbito militar y de inteligencia brillantes como el General Hayden, que rápidamente han logrado comprender que las guerras actualmente se pelean en el campo financiero y no en el aire, mar o tierra.

Las comunidades del ámbito militar y de inteligencia están asimilando esta nueva realidad, pero la mayoría de los inversores no ha llegado a este punto. Las acciones y los títulos de deuda tradicionales son activos digitales que pueden ser hackeados, saboteados o congelados con la introducción de un par de códigos.

Es de suma importancia que usted destine parte de su portafolio a instrumentos físicos que sean inmunes a las guerras financieras.

Entre estos activos se encuentran la plata, el oro, obras de arte, tierras, sellos no convencionales y dinero en efectivo (en formato de notas bancarias, no depósitos).

En lo que respecta a la porción de su cartera correspondiente a acciones, es útil considerar empresas de capital de riesgo y startups, en las que su participación se oficialice en un contrato escrito y no en una cuenta digital.

Mi conversación con el general Hayden reforzó mi firme postura en relación con que la guerra financiera ya comenzó y que los activos digitales, como las cuentas de inversión y los planes de pensión 401 (k) están en la línea de fuego.

Nuestro trabajo es mantenerlo informado sobre el estado de este conflicto y hacer recomendaciones sólidas sobre cómo preservar su riqueza, incluso mientras las balas vuelan cerca.

Saludos,

Jim Rickards