El desafío de desarrollar la Bolsa

El desafío de desarrollar la Bolsa

El mercado celebró el triunfo de Macri porque con él tiene renovadas perspectivas. Sin embargo, el camino a recorrer es muy largo. Argentina está muy rezagada en la región y debe conquistar a las empresas locales y fortalecer instituciones.

Nadie puede negar que 2015 fue el año de las expectativas. Las cotizaciones de las acciones, muy reactivas a las encuestas y resultados electorales, le imprimieron la volatilidad a un mercado que solo quería un presidente: Mauricio Macri.

Habiéndose cumplido su deseo, ahora el mercado se suma a la cola de sectores que piden medidas. Quiere que 2016 sea el año de los fundamentos.

Más a largo plazo, su exigencia es simple pero ambiciosa: la Bolsa quiere dejar las idas y vueltas de la adolescencia y crecer definitivamente. Ansía madurar.

Ese crecimiento abarca múltiples aristas que no quedan en un mero aumento del tamaño. El mercado quiere desarrollarse en los próximos años, aprovechando un perfil presidencial afín y que está en las antípodas de la gestión saliente.

La difícil tarea del desarrollo del mercado de capitales incluye, al menos, los dos aspectos que siguen.

 

1- Acercar las empresas a la Bolsa de Comercio

Parte de la herencia que recibirá Mauricio Macri y su equipo es la baja cantidad de compañías que cotizan en Buenos Aires.

Hoy en día, solo 99 firmas componen ese grupo mientras que hace 10 años la cifra era 105. Asimismo, esta involución tiene el agravante de que el número de empresas cotizantes es diminuto en comparación con los países de la región.

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En la última década, Chile y Perú incrementaron el número de participantes en sus mercados. Brasil no tuvo la misma suerte en especial por el derrotero de su Bolsa en los últimos 3 años. Pero aun así, la diferencia con nuestro país es abrumadora.

No se puede esgrimir el tamaño de la economía como excusa de nuestro subdesarrollo financiero. Por tomar un ejemplo, el Producto Bruto Interno (PBI) de Chile es un 40% inferior al de Argentina pero el país trasandino tiene más del triple de empresas en Santiago que las que hay en Buenos Aires.

Otro factor de rezago regional que sufre Argentina es que sus empresas valen poco respecto al PBI. La capitalización bursátil sobre el producto es de 13% —hace una década era de 23%.

En Sudamérica ese ranking lo encabeza Chile con 84%, seguido de lejos por Colombia (37%), Perú (33%) y Brasil (30%).

 

2- Recuperar la confianza empresaria

El segundo desafío de Macri está íntimamente relacionado con el anterior. Aumentar la llegada de empresas al mercado es una meta cuantitativa, pero tiene un requisito previo de índole cualitativa: ganar confianza y credibilidad.

La desconfianza actual de quienes se acercan a la Bolsa se observa patente en la forma en que las firmas captan fondos. Si bien existen variados instrumentos de financiamiento, esta pluralidad parece estar desaprovechada por sesgos muy marcados.

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Las grandes empresas prefieren fondearse con obligaciones negociables —títulos corporativos— y fideicomisos financieros —venta de carteras de crédito. Poco más del 5% del financiamiento proviene de las acciones.

Es un dato que asombra por lo pequeño pero tiene lógica. Después de lo que pasó con la estatización de las AFJPs —principales inversores institucionales hasta 2008— y que derivó en la entrada de directores del Estado en las empresas, las compañías se volvieron reacias a emitir acciones.

Cabe recordar que las acciones, en términos llanos, son una forma de conseguir capital al costo de sentar nuevos socios en la mesa de toma de decisiones. Por esta razón, hubo aprendizaje. Las firmas locales tomaron nota y evitaron la emisión de acciones para no correr el riesgo de tener de socio a un Estado que “iba por todo”.

Si vemos concentración en el financiamiento de las grandes empresas, en el espectro de las PyMEs esa tendencia se exacerbó.

Por conservadurismo o desconfianza, las PyMEs no se abren a la posibilidad de emitir acciones. Por el contrario, la Bolsa se utiliza como un medio más para cambiar cheques de pago diferido. Tres de cada cuatro pesos obtenidos se consiguen por esa vía.

Todas estas consideraciones dan a entender que, a pesar de los beneficios potenciales, la Bolsa no es un ámbito amigable para las empresas argentinas. Una de las tareas de la nueva gestión es cambiar esa realidad.

Atraer más empresas al ámbito bursátil y recuperar la confianza del sector privado son dos paradas obligatorias en el camino del desarrollo del mercado de capitales.

Y en ese rumbo hacia la normalización que comienza el 10 de diciembre, el nuevo gobierno deberá dejar atrás los vicios de la década pasada y copiar algunos de los ejemplos de países como Chile y Perú, los mejores alumnos del último tiempo en esta materia.

La profundización del mercado le exige a Mauricio Macri que las reglas de juego poco claras, la falta de seguridad jurídica y la opacidad institucional queden atrás para que Argentina vuelva a emerger en todos los frentes.

Por una nueva inversión exitosa,

Nery

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