El consejo de Donald Trump a los inversores

 

El consejo de Donald Trump a los inversores

Ningún banquero central le va a decir que nos encontramos ante una burbuja porque no son capaces de verlas hasta que es demasiado tarde. En cambio, un hombre como Donald Trump puede avisarle porque las detecta mucho antes de que todo salte por los aires.  

Esta semana he estado en París por trabajo, aunque aproveché para visitar a unos viejos amigos.

“¿Qué pasa con Donald Trump?”, preguntó un amigo francés durante la cena

“No lo sabemos”, le contestamos. “Pero por lo menos él vive en un mundo real… o al menos en su versión de él. No es la fantasía de mundo en el que creen la mayoría de los políticos”

“Él ha ganado mucho dinero con un negocio real, ha contratado gente y la ha despedido, tiene facturas que pagar, tiene dinero suficiente para poder decir lo que piensa y no ha estado en política el tiempo suficiente para mantener la boca cerrada”.

¿Qué piensa Donald Trump sobre el mercado de valores?

Los inversores, dijo recientemente en una entrevista en The Hill, están “siendo forzados a entrar en un mercado de valores inflado y en algún momento se arruinarán… nos encontramos en una burbuja en estos momentos”.

Por lo que sabemos, este comentario es tan honesto y acertado como cualquier cosa que ha dicho hasta el momento en la carrera por la presidencia.

Nadie sabe más sobre las granadas de mano que el hombre al que le ha estallado una en la cara.

Donald reconoce una burbuja en cuanto la ve. Y él sabe lo que sucede cuando la burbuja se cruza con un objeto punzante.

En los escombros de la explosión de 2009, él fue golpeado de pleno. Tumbado boca arriba, él era quizá uno de los hombres más pobres del mundo- con deudas valoradas en miles de millones.

Hoy, Trump vuelve a ser el mismo. El Dow está aproximadamente un 20% por encima del máximo anterior a la crisis de 2007.

El valor de los locales comerciales también están un 20% más alto.

En la vivienda, el panorama es un poco más complicado. El precio medio por vivienda en Estados Unidos puede ser menor, pero los precios de la propiedad en áreas seleccionadas son más altos que nunca.

Esto es en parte porque los ricos y los insiders están utilizando sus mal adquiridas ganancias para competir por los precios de las propiedades inmobiliarias… y en parte porque los compradores extranjeros están entrando en el mercado en masa.

Los chinos, en particular, se han convertido en los principales compradores de propiedades en Estados Unidos. Un informe frecuentemente nombrado en Internet dice que las personas de origen chino están comprado el 80% de las nuevas viviendas en Irvine, California- difícil de creer.

Desde 2007, el tamaño combinado de los balances de los bancos centrales del mundo se ha triplicado- llegando a ser superior a los 22 billones de dólares. (Es decir, los bancos centrales han creado esa cantidad de dinero de la nada para comprar bonos). Las acciones estadounidenses y bonos están valorados en 25 billones de dólares más que en su nivel de 2008. Y el mundo está a punto de estar 57 billones de dólares más endeudado.

En el mundo mágico y misterioso del edificio Eccles Building (sede de la Reserva Federal), Janet Yellen, examina todo esto. Ella nunca ha llevado un negocio. Ella nunca ha tenido un trabajo en una empresa con fines lucrativos.

Ella no puede admitir que hay una burbuja –en acciones, bonos o propiedades inmuebles. Y a juzgar por su actuación en el período previo a 2008, ella probablemente no reconozca una aunque la tenga ante sus narices.

Pero al menos- al igual que su predecesor, Ben Bernanke- tiene cobardía en sus convicciones.

Bernanke, en su nuevo libro, El Valor de Actuar, nos dice que él “no quiere ser recordado como la persona cuyas decisiones habían llevado a la destrucción de la Reserva Federal.”

Así es: el mayor desafío en ochenta años golpea a la Reserva Federal y el señor Bernanke se preocupa por su propia reputación.

Él tendría que haber sido firme. Debería haber dejado que la cesta expulsara las manzanas podridas. En su lugar, entró en pánico.

Como él lo relata, le dijo al presidente, “no creíamos que el sistema -y lo más importante, la economía- podrían soportar” la quiebra de la gran compañía de seguros AIG.

(Bernanke no mencionó en ningún momento que AIG le debía casi 3 mil millones a Goldman Sachs y que el ex director ejecutivo de Goldman, Hank Paulson, estaba ahora a cargo del Tesoro de Estados Unidos.)

Una economía real es lo que se tiene al deshacer el daño hecho por los banqueros centrales, sus compinches, y los reguladores. Funciona mejor cuando a la “destrucción creativa” se le deja hacer su trabajo.

La economía real hubiera aplaudido y respirado mejor si AIG hubiese tenido lo que se merecía. Pero “el sistema” del señor Bernanke no salvó al comercio real de bienes, la industria y el capitalismo. Él estaba preocupado por el disparatado mundo de fantasía que había creado, alimentado por la deuda junto a sus hermanos de la Reserva Federal.

Bajo su atenta mirada, todo había ido demasiado lejos. Había una burbuja de deuda.

Desesperado por salvarse, Bernanke informó mal al presidente. Y hoy tenemos el mismo sistema- con más o menos los mismos compinches ejecutando los mismos engaños con más deuda que nunca.

Y ahora, la pobre Janet Louise Yellen -una mujer que llega horas antes al aeropuerto porque tiene miedo de perder su vuelto- está en la silla del capitán.

Ella debe sentir el mismo temor, el mismo miedo. Ningún banquero central quiere estar al mando cuando su banco burbuja choca contra las rocas.

Así, ella navega hacia aguas abiertas.

“El rally de acciones y el alza de tasas en 2015 parece más remoto” publica The Street.

Saludos,

Bill Bonner

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.