Todo lo que debe saber del nuevo bono del gobierno

Todo lo que debe saber del nuevo bono del gobierno

 

Octubre empezó con la expectativa sobre el último gran vencimiento de deuda de esta gestión: el Boden 2015. El gobierno no sólo pagó y despejó las dudas, sino que emitió un nuevo bono. ¿Por qué un inversor volvería a prestarle dólares ahora?

Como si no tuviéramos suficiente con la volatilidad que imprime la carrera electoral, la semana pasada el gobierno fue noticia en los mercados por dos movimientos.

En primer lugar, hizo efectivo el pago del Boden 2015 (RO15) y un desendeudamiento por US$ 5.900 millones.

Por otro lado, a las 24 horas de dicho vencimiento el gobierno emitió nueva deuda con el Bonar 2020 (AO20).

Más allá de la aparente contradicción retórica del ámbito político, nos interesa analizar el acontecimiento desde las inversiones.

Y desde la vereda inversora seguramente usted se esté preguntando lo siguiente: ¿cómo alguien que acaba de cobrar los billetes verdes puede desprenderse de los mismos rápida y voluntariamente?

Para responder el interrogante, conviene explicar de qué se trata la familia a la que pertenecen el Boden 2015 y Bonar 2020. Es decir, tenemos que adentrarnos en la “renta fija”.

 

Inversiones que dan “certeza”

La característica sobresaliente de los instrumentos de renta fija es que prometen un beneficio cierto. Esto hay que entenderlo en el sentido de que ofrecen un cronograma de pagos conocido con antelación.

Los inversores que se vuelcan por la renta fija saben de antemano cuánto y cuándo van a cobrar, algo que no ocurre con otros activos como las acciones. Precisamente, debido a esa variabilidad en el resultado, éstas últimas reciben el nombre de renta variable.

Conviene aclarar algo fundamental con respecto a la certeza. Que la renta fija siente explícitamente el monto y las fechas de los beneficios, sin embargo, no es garantía de pago cierto. Toda inversión de este tipo tiene en mayor o menor medida lo que se conoce como riesgo de default. Siempre existe la posibilidad de que el emisor no pague.

Profundizando un poco más, los activos de renta fija por excelencia son los bonos. Un bono es un título de deuda asociado a un emisor, el cual puede ser un ente privado —empresa— o público, que puede ser un organismo o un gobierno, ya sea municipal, provincial o nacional.

En otras palabras, es el equivalente a un “pagaré” librado por una compañía o por el sector público. En cualquier caso, quien emite un bono busca financiamiento y, a cambio, ofrece una recompensa a quienes le prestan dinero, es decir, los inversores.

En el contexto actual, el gobierno emitió deuda para financiar parte de la pérdida de reservas por el pago del Boden 2015. A cambio, el nuevo Bonar 2020 reúne condiciones para aspirar dólares del mercado.

Aunque diferentes a las acciones por naturaleza, los bonos comparten un rasgo con la renta variable: tienen un precio. Esta cotización en la Bolsa surge del juego entre la oferta y la demanda de títulos, como ocurre en todo mercado.

Luego de su debut en el mercado, el Bonar 2020 cerró su primera jornada en $ 1.360 las 100 láminas ($ 13,60 cada lámina).

En lo que se refiere a los bonos, la renta que reciben los inversores es una tasa de interés que, técnicamente, se llama cupón. Este dato es el que está fijado en las condiciones de emisión de todo título.

En el caso del Bonar 2020, la tasa de cupón es de 8% anual en dólares, pagadera en abril y octubre de cada año.

Otro aspecto fundamental a considerar es el plazo, que no es ni más ni menos que la longevidad del título. Indica en cuántos años vence el instrumento. Habitualmente, cuanto más “largo” es el bono, mayor riesgo tiene asociado.

Mirando el último título, vemos que vence en 2020. Es decir, tiene una “madurez” de 5 años.

Paralelamente, es importante conocer cómo es la amortización. Esto quiere decir que hay que saber cómo devuelve el capital. Acá, la devolución del préstamo puede ser en cuotas periódicas o en un solo pago al vencimiento.

Para el Bonar 2020, la amortización del capital ocurre íntegramente al final de su vida, en octubre de 2020.

Si tomamos en cuenta todas estas consideraciones, tenemos todo para armar el flujo de pagos del nuevo título público:

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Por último, pero no por eso menos importante, un concepto indispensable para entender la inversión en  bonos es la TIR. La TIR es la Tasa Interna de Retorno y es una aproximación de cuánto nos va a dar de rendimiento el bono anualmente si se cumplen dos condiciones: mantenemos el título hasta su vencimiento y reinvertimos los pagos que me va haciendo periódicamente en el mismo bono.

Para el caso del Bonar 2020, el título medido en dólares se emitió con un precio de corte de US$ 95. Esta cifra, al estar por debajo del punto de partida de todo bono —técnicamente, la paridad— abarata el costo de entrada. Así, el cupón de 8% en los hechos termina siendo mayor porque opera sobre 100 láminas, que en el mercado se consiguieron US$ 95 y no a US$ 100.

El Bonar 2020, en consecuencia, comenzó a cotizar por encima de su tasa de cupón, con una TIR de 9,2%.

Esto último responde a la pregunta que nos formulamos al principio sobre los motivos para reinvertir los dólares. La clave está en la tasa de interés.

Los dólares en una caja de ahorros o en el colchón no generan una renta periódica. Solo sirven para la cobertura ante una devaluación del peso. Pero la cantidad de billetes verdes es la misma.

Con esto no le sugiero que indefectiblemente apueste por bonos dolarizados. Sí lo invito a que incorpore la lógica que hay detrás para tomar mejores decisiones en materia de estrategia de inversión.

En concreto, este razonamiento es el que tienen en la cabeza los que vuelven a comprar un bono: la reinversión en activos que producen flujos de intereses es la única manera de multiplicar los ahorros en dólares.

Por una nueva inversión exitosa,

Nery

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