La polémica del desendeudamiento

La polémica del desendeudamiento

 

A pocos días de un nuevo ciclo político, el debate sobre si Argentina se sacó o no la mochila de la deuda está más vigente que nunca. Este fue el tema central en mi primera experiencia radial, casualmente, desde la Bolsa. No se lo pierda los pormenores. 

¿Es el fin de la era del desendeudamiento?

Con este interrogante inició “Recinto Virtual”, el programa de radio que conduce Ignacio Ros, editor de la Revista Inversor Global, todos los miércoles desde la Bolsa de Buenos Aires.

Pero el último envío no lo escuché desde mi notebook, como hago habitualmente…

La particularidad del miércoles pasado fue que estuve como invitado. Con el emblemático recinto bursátil a mis espaldas, durante la hora de transmisión del programa respiramos aires de mercados.

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El reciente pago del Boden 2015 (RO15) por US$ 5.900 y la consecuente pérdida de reservas internacionales fueron los disparadores del debate sobre el desendeudamiento.

¿Argentina ya se sacó el grillete de la deuda? Cual búsqueda del tesoro, podemos llegar a la respuesta con distintos fragmentos.

 

Lo que se ve en el mercado

Por un lado, el accionar del gobierno de hace unos días nos dio parte del veredicto…

Como le comenté en mi columna de la semana pasada, luego del pago del Boden, el Ministerio de Economía salió rápidamente a captar una porción de los dólares pagados. La vía elegida fue el Bonar 2020 (AO20) —aunque recibió menos aceptación de la esperada.

Casi en simultáneo, el gobierno amplió su financiamiento con nuevos bonos dollar-linked (Bonad) y títulos que ajustan por tasa variable (Bonac).

Así, en las antípodas del desendeudamiento, por lo bajo el gobierno contrajo deuda por más de $ 60.000 millones en lo que va del año. Este número se suma a los US$ 2.000 millones que recolectó en títulos denominados en moneda extranjera.

Entonces, la campana del mercado de títulos públicos nos dice que la era del desendeudamiento ya pasó, y el gobierno está recurriendo, como nunca en los últimos 12 años, al método de tomar nuevos compromisos.

 

El Banco Central puertas adentro

En segunda instancia y más importante aún, otro fragmento de la respuesta a la incógnita de la deuda está en los activos que el Banco Central contabiliza como reservas internacionales.

El miércoles pasado hablamos bastante de este tema en el programa de radio. Y cuando hablamos de reservas no miramos solamente la cantidad —bruta—, sino también la calidad.

En este punto toma relevancia la composición, en especial la parte más líquida necesaria para afrontar cualquier ataque especulativo contra el peso. En otras palabras, conviene ver en detalle qué porción de las reservas son de libre disponibilidad.

El siguiente gráfico es una radiografía de las reservas.

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Como dije en la emisión radial, el número US$ 27.750 millones es sólo el nivel del mar, la marea. Es un dato superficial y epidérmico, que esconde una realidad preocupante.

Debido a cuestiones contables, el cálculo de reservas no solo incluye la riqueza propia, sino que también abarca activos que son reflejo de deudas asumidas. Es decir, hay componentes que existen solamente porque hay pasivos detrás.

Los swaps —intercambios de divisas— con China tienen el patrón descrito anteriormente. Son préstamos de corto plazo denominados en yuanes que refuerzan las reservas brutas, pero que implican una deuda en el balance del Banco Central. Peor aún, son difíciles de convertir porque el yuan todavía no es una moneda de amplia aceptación mundial.

Intercambiar monedas en el corto plazo no es un problema en sí mismo. Pero abusar de ese recurso, sí lo es. Para poner los números sobre la mesa, 2 de cada 5 dólares de reservas son swaps chinos.

El resto de los componentes de las reservas tiene una realidad similar. Son activos con los que la autoridad monetaria no puede disponer fácilmente.

Mire lo que ocurre con los encajes en dólares…

Los US$ 7.158 millones encajados en el Banco Central constituyen la garantía del total de los depósitos en dólares del sistema financiero. Cada dólar depositado en los bancos, se convierte en un dólar de encaje.

Al igual que los swaps, los depósitos se llevan un porcentaje importante de los activos más líquidos: 1 de cada 4 dólares de reserva pertenece a encajes.

Si descontamos el resto de las deudas, en definitiva, poco más de US$ 4.190 millones son reservas netas. Esto significa que sólo el 15% de los dólares brutos son líquidos. Así, el verdadero poder de fuego de la entidad que debe proteger el valor de la moneda argentina es mucho más reducido de lo que se piensa.

Por lo tanto, desde adentro del Banco Central, se aprecia una visión similar a la del mercado: no se ve que el desendeudamiento haya llegado a su fin.

Nuestro país va a necesitar dólares para capear la coyuntura. El camino a transitar estará pavimentado de deuda. A este razonamiento llegamos unívocamente en el programa de radio.

Ya fuera del aire, quienes hicimos el envío coincidimos en que ninguna vía de financiamiento es mala per se, siempre y cuando se use correctamente. La clave del éxito está en cómo se usan los nuevos fondos.

A la salida, una de las personas de la radio, experta en mercados, me guiñó un ojo y, con el recinto de la Bolsa como testigo, me dijo sobre el uso de la deuda: “quedate tranquilo, los candidatos a presidente lo saben muy bien”.

Por una nueva inversión exitosa,

Nery