La Latinoamérica que aprendió la lección

La Latinoamérica que aprendió la lección

Ante un nuevo escenario de “crisis” algunas economías de la región parecen haber encontrado la receta para matizar los efectos nocivos. ¿Es suficiente para enfrentar este cambio de escenario? ¿Llegó el tiempo de comprar las gangas del mercado? Averigüémoslo juntos.

El miércoles pasado asistí a un evento organizado por la agencia de noticias y finanzas globales Thomson Reuters. Se trata del Foro Económico que organizan anualmente en Buenos Aires y donde invitan a expositores para abordar la coyuntura económica –política local e internacional.

Para esta última sección el experto convocado fue Marcos Buscaglia, un economista argentino con amplia trayectoria en Merrill Lynch y Bank of America, donde precisamente se desempeñó como economista jefe para Latinoamérica.

Buscaglia, que recientemente decidió volver a Argentina para montar su propio proyecto, realizó una interesante presentación sobre un análisis comparativo de los fundamentales de las economías latinoamericanas entre la crisis de los ’80 y la crisis actual.

La principal causa de ambas crisis es la misma: la fortaleza del dólar. Sin embargo, ésta se dio por factores distintos en los períodos de tiempo analizados. Mientras que a principios de los ’80 el dólar resurgió por una suba de la tasa de interés en ese país hasta el 20% anual para frenar la inflación, en la actualidad esa fortaleza se da por la expectativa de la suba de tasas de 0% a 0,25% en un contexto más bien deflacionario.

Más allá del origen, en ambos momentos las economías latinoamericanas enfrentaron fuertes desafíos, pero los caminos buscados para sortear los mismos han sido distintos.

En la década de los ’80, las economías latinoamericanas optaron por defender la paridad de sus monedas contra el dólar, lo que llevó a un fortalecimiento de las mismas generando un fenomenal atraso cambiario.

Para defender dichas paridades, los países de la región dilapidaron sus reservas internacionales vendiéndolas a precios irrisorios. Cuando este stock se agotó y la pérdida de competitividad se hizo evidente, todos los países profundizaron su crisis, llevando a un default (cesación de pagos) generalizado de sus deudas.

Este proceso, es lo que se conoce en los libros de texto de historia económica regional como “la década perdida”.

Pero algunas naciones parecieron haber aprendido la lección…

Y a medidos de 2014, cuando la fortaleza del dólar estadounidense comenzó a emerger con fuerza a nivel global nuevamente, algunos países latinoamericanos se juraron no volver a repetir los errores del pasado.

Así, la idea del atraso cambiario como ancla de las expectativas fue dejada de lado, priorizando proteger el stock de reservas internacionales que tenían en las arcas de sus bancos centrales.

De esta manera, el resultado para países como Brasil, Chile y Colombia fue el siguiente…

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Devaluaciones del 19%, 43% y 59% respectivamente para el peso chileno, el colombiano y el real brasileño en los últimos 12 meses.

Ese fue el costo que han decidido pagar estas economías a costa de defender sus reservas internacionales, mostrando una clara estrategia divergente respecto la postura adoptada durante la crisis de los ’80.

Cabe aclarar que no todas las economías latinas han tomado este camino. Ejemplos actuales como Argentina y Ecuador volvieron a elegir como salida el atraso cambiario nuevamente y ahora enfrentan grandes problemas de competitividad.

Mientras tanto, las economías que han permitido la flotación de sus monedas, están mejor posicionadas para la recuperación. Y algunos síntomas positivos ya se están observando a nivel corporativo.

Analicemos esta noticia publicada en Reuters precisamente:

“La brasileña BRF SA, el mayor exportador mundial de productos avícolas, reportó el jueves una ganancia mayor que la esperada debido a un sólido desempeño en el extranjero y por los beneficios derivados de una depreciación del real, a pesar de la debilidad de la economía brasileña.

BRF, que también elabora alimentos procesados, reportó una utilidad neta en el tercer trimestre de 877 millones de reales (228 millones de dólares), por sobre los 805 millones de reales previstos por analistas y los 624 millones de dólares del mismo período del año previo.

Analistas dijeron que el mercado local de los productos cárnicos ha sido más resistente que otros sectores, en momentos en que la economía de Brasil atraviesa por su peor recesión en 25 años.”

La mejora en la competitividad para algunas empresas ha sido muy importante. Y eso puede ser el driver que impulse a las economías de la región a un inicio de salida de la actual “crisis”.

En los últimos doce meses, el retraso de las cotizaciones bursátiles de las bolsas latinoamericanas es evidente y eso, quizás, significa una oportunidad.

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Empresas con una orientación al comercio exterior pueden ser las más beneficiadas en el contexto de esta nueva estrategia latinoamericana para afrontar los desafíos económicos actuales.

Sígalas de cerca para hacer buenos negocios.

A su lado en los mercados,

Diego Martínez Burzaco