El debate que no se dio

El debate que no se dio

Algo azucarado y poco incisivo fue el encuentro que tuvieron los candidatos, salvo el caso de Daniel Scioli que prefirió tomarse el domingo. Respuestas evasivas, exceso de amabilidad entre los contrincantes y un tema del que nadie se animó a hablar…

Junto con celebrar el hecho de que se haya realizado el primer debate presidencial de la historia en la Argentina (insólito estar diciendo esto), me parece interesante recordar que ayer hubo una palabra prohibida: “ajuste”.

Nadie la nombra por su cualidad “piantavoto”, pero caerá como por fuerza de gravedad, sea quien sea el próximo presidente. Es más, indirectamente, el último presupuesto entregado por el gobierno de Cristina de Kirchner –que regirá para la próxima administración- indirectamente establece un ajuste. Al menos, propone objetivo los que no se llegará si no a través de reducción de gastos.

Con un maquillaje contable, harán ver que se subieron las partidas para ciertos rubros, pero como el incremento será mucho menor al de la inflación, la realidad indica que habrá un ajuste encubierto.

Del otro lado del ajuste estás vos

Ayer escuché propuestas de un millón de créditos hipotecarios por parte de alguno de los candidatos. La realidad es que hoy el crédito está muerto. Perón decía que la única verdad es la realidad y –aunque no suelo citarlo- me parece que en este momento su frase es de precisión quirúrgica.

Tenemos que pensar nuestra situación con las herramientas que tenemos a nuestro alcance, no con las que nos prometen en medio de una campaña política.

Por eso, el debate que no se dio también es el tuyo. Para invertir, el paso previo es el ahorro, pero ¿qué estás haciendo para potenciarlo?

Quiero compartir con vos las 8 claves del ahorro que armamos para la revista Inversor Global. No son una solución mágica, pero son importantes para que empieces a tomar conciencia de dónde están tus fugas y cómo detenerlas.

Acá van las primeras cuatro:

1. Llevar un registro detallado de gastos e ingresos

La mejor forma de fracasar en el objetivo de ahorrar es gastar y administrar los ingresos de una forma irreflexiva. Llevar una cuenta, nada más que un sencillo cuaderno u hoja de cálculo en la computadora, en la que poder ver un despliegue de las vías a través de las cuales se va el dinero que se gana con esfuerzo es el punto de partida y, probablemente, la tarea más difícil del camino hacia el ahorro.

Enfrentarse a los propios gastos, anotarlos cada vez y toda vez que se los realiza puede requerir una constancia difícil de alcanzar pero es un hábito enormemente satisfactorio y fructífero una vez adquirido. Poner en negro sobre blanco los gastos permite hacer análisis de eficiencia de nuestros gastos, detectar ítems en los cuales el consumo muestra patrones nocivos, repeticiones y hasta compras por encima del valor del mercado de bienes y servicios.

Además, el conocimiento de los gastos fijos e ineludibles permite saber desde qué situación se parte a la hora de ahorrar, para poder establecer prioridades y objetivos con los pies en la tierra.

2. Separar parte de los ingresos

Uno de los métodos más sencillos para empezar a ahorrar es adaptar los gastos a un nuevo nivel. Es decir, vivir como si los ingresos de los que uno dispone fueran menores a los reales. Más de un afortunado que recibió un ascenso, un aumento o alcanzó un nuevo nivel de ingresos en sus negocios vio cómo sus gastos se adaptaban rápidamente a la nueva bonanza y, otra vez, al llegar el final de cada mes disponía de unos pocos billetes.

“Es tan simple como efectivo, con un cálculo realista de cuánto se va a gastar, se puede separar el dinero antes de que lleguen los gastos, por ejemplo en cuanto se cobra el sueldo”, dice Mariano Otálora, especializado en planificación financiera personal.

3. Establecer objetivos realistas de ahorro

Muy relacionado con lo anterior, es importante tener los pies sobre la tierra. Poner objetivos extremadamente ambiciosos desde un inicio puede llevar a un completo fracaso que desincentive al ahorrista y lo empuje otra vez al consumo más irreflexivo.

Por ejemplo, si se recurrió a separar el 30% del salario al principio del mes para luego tener que ir a buscar ese mismo dinero y así cubrir gastos inevitables, el propio método puede quedar en cuestión. Peor aún, separar e inmovilizar dinero al principio de un mes y tener que recurrir a la tarjeta de crédito o a un crédito personal para completar ese período puede hacer mucho más caro el interés que se paga por el consumo a cuenta que el que se percibe por el ahorro separado en un principio.

En el libro “Es tu dinero”, el especialista en finanzas personales Nicolás Litvinoff recomienda empezar por el 10% del ingreso para -luego- ir elevando esa porción. De esa manera se evita fracasar apenas se comienza. Una buena forma de elevar los montos ahorrados es exprimir al máximo ingresos extraordinarios, como el aguinaldo.

“Para poder lograrlo no se debe obviar un tema que parece menor, pero que no lo es: cómo se consideran los ingresos extraordinarios o no esperados (herencia, aumento de sueldo, bono extra o regalos monetarios). Una posibilidad es multiplicar por dos (o incluso por tres) el porcentaje de la meta de ahorro de los ingresos regulares para con los extraordinarios. Por ejemplo: si la meta de una persona es ahorrar el 20% de su sueldo, entonces debe ahorrar por lo menos el 40% de cada ingreso extraordinarios que reciba”, sostiene.

4. Atacar la deuda primero

En línea con la idea de conocer y anotar los gastos que se hacen cada mes, uno de los ítems más importantes es calcular cuánto del salario o el ingreso se destina al pago de deudas. El pago a crédito es normalmente la forma más cara de pagar por algo, ya que otro –un banco, un fideicomiso de consumo u otro- presta el dinero a cambio de la promesa de un monto mayor en el futuro.

Una vez que se conoce cuánto se destina por mes al pago de deuda, es hora de separar la paja del trigo. Lo primero es identificar qué parte de esos pagos de deuda se destina a compras “de capital” (un electrodoméstico, un auto o una casa) o a consumos únicos (por ejemplo un viaje)  y qué parte a gastos corrientes (por ejemplo, la cuenta del supermercado o la de servicios hogareños).

Los gastos en bienes de capital y en consumos únicos son fáciles de recortar y, los montos dirigidos a esos pagos son fácilmente redireccionados al ahorro, una vez eliminados. De aquí es de donde puede salir el mayor flujo de fondos para su futuro ahorro.

Los pagos de deuda para gastos corrientes, por otro lado, son un indicador de riesgo: establecen que se está gastando más de lo que ingresa. Si no se corrige rápido y se cubren los gastos corrientes con ingresos ordinarios, tarde o temprano se caerá en serios problemas financieros.

Hasta aquí la primera entrega. La semana que viene te doy los cuatro puntos restantes para que puedas ordenar tus finanzas personales y alcanzar tus objetivos de manera más eficiente.

Si no te das este debate con rigurosidad, si caés en la autocomplacencia de los gastos que te merecés, será imposible. Recordá que el ahorro se define como la postergación de consumo.

Es por eso que el orden financiero es clave, pero también analizar que consumos son superfluos y eliminables.

Hasta la próxima.

Un fuerte abrazo,

Ignacio.