¿Por qué los gobiernos odian el oro?

oro

Desde que se eliminó el patrón oro se ha forjado una colosal expansión de crédito. Ahora, una a una las burbujas de deuda comienzan a reventarse. Primero fue Grecia. ¿Quién será próximo? Descúbrelo aquí…

“Es un desastre total. Es como estar en el infierno”.

Así describió un experto la reapertura del mercado de valores griego.

El principal índice bursátil de Atenas, el Athex, terminó el primer día de reapertura cayendo 16%, después que cinco semanas de cierre de la Bolsa ateniense.

Y bajó más de 23% en los primeros minutos de la negociación.

Despreciada. Arruinada…

La situación en Grecia es excelente.

Para los inversionistas con horizontes de tiempo a muy largo plazo y con agresivas estrategias, puede ser un buen momento para comprar acciones griegas…

Sí, los compradores y vendedores están fijando nuevamente los precios.

Esto, porque los propietarios de acciones griegas se están dando cuenta de que sus títulos no son tan valiosos como ellos pensaban.

Pero por cada vendedor hay un comprador. Los vendedores están perdiendo dinero. Los compradores creen que están adquiriendo una ganga.

Se puede engañar a la gente durante un tiempo. A algunas personas todo el tiempo. Y a la mayoría de la gente una vez de vez en cuando.

Se puede evitar descubrir los precios reales y se puede disfrazar y distorsionar el valor real de las cosas. Pero el Sr. Mercado pondrá las cosas en su sitio algún día.

Siempre lo hace.

Alguna vez hemos mencionado pero nunca explicado cómo Alan Greenspan traicionó al Sr. Mercado.

En 1987,  después de que el Presidente Reagan lo nombrará sucesor de Paul Volker como presidente de la Reserva Federal, Greenspan se acercó a los zombis o, más concretamente, a sus aliados, sus compinches.

Esto no debió ser fácil para el ex defensa del libre mercado y miembro del círculo íntimo de Ayn Rand.

A finales de 1980 y principios de 1990 casi se podía ver a Greenspan luchando contra las contradicciones.

Él había sido leal a los mercados libres. Pero su trabajo implicaba estar al frente de una de las autoridades centrales más grandes. Sabía que la moneda sin respaldo en oro era una estafa, pero su trabajo como jefe de la Fed lo puso a cargo del sistema de papel moneda más grande del mundo.

Greenspan apostaba por dejar al Sr. Mercado fijar los precios. Pero como guardián del crédito en Estados Unidos, él manipuló los precios más que cualquiera.

Pero, ¿qué iba a hacer?

En 1993, en el discurso inaugural de su marido frente al Congreso, la Sra. Hillary Clinton -hoy candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos- optó por sentarse junto a él. Fue uno de esos momentos mágicos en la historia, cuando el poder y el dinero se juntan para celebrar.

De todos los peces gordos en Washington, Alan Greenspan fue el elegido. Era prácticamente un dios para el Congreso, pero para la economía era todo un misterio.

Para el pueblo estadounidense, Greenspan fue una combinación de Mr. Fix It y el Mago de Oz.

No entendían una palabra de lo que decía. ¿Y por qué debían hacerlo?

Las palabras de Greenspan carecían de sentido cuando hablaba como presidente de la Fed, pero todo era intencionado. Así lo explicó más tarde:

“Lo que he aprendido en la Reserva Federal es un nuevo lenguaje que consiste en aprender a murmurar con gran incoherencia.”

Pero el parloteo funcionó. Los políticos se arrodillaron ante él. La prensa se quitó el sombrero. Las masas, asombradas por algo incomprensible, pensaron que era un genio.

¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Darle la espalda a todo eso para decir la verdad?

“¿Cuál era la verdad?”, preguntó Greenspan bromeando sin esperar una respuesta.

Se escribió mucho en tono despectivo sobre Greenspan desde fines de la década de 1990 hasta que dejó su cargo en la Reserva Federal en 2006. Que forjó su pensamiento en la bañera, publicó la prensa; Alan “Burbujas” Greenspan lo rebautizaron.

Greenspan se había vendido; por la gloria, dinero y poder. Pero hay que admitirlo: ¡a un buen precio! De haber estado en su situación, probablemente nos habríamos vendido a mitad de precio.

Pero qué placer fue redescubrir al viejo Alan Greenspan, aquel quien en 1966 todavía creía en el libre mercado, en una moneda sólida y se expresaba con claridad.

“En ausencia del patrón oro, no hay manera de proteger los ahorros de la confiscación a través de la inflación. No hay refugio seguro de valor. Si lo hubiera, el gobierno tendría que hacer un almacenamiento ilegal, como se hizo en el caso del oro.

Si todo el mundo decide, por ejemplo, convertir todos sus depósitos bancarios en plata o cobre o en cualquier otro bien, a partir de entonces se negaría a aceptar cheques como forma de pago, los depósitos bancarios perderían poder adquisitivo y el crédito bancario creado por el gobierno sería inútil.

La política financiera del Estado de bienestar requiere que no exista forma alguna para que los dueños de la riqueza se puedan proteger.

Este es el mezquino secreto del estado de bienestar contra el oro. El gasto deficitario es simplemente una forma para confiscar la riqueza. El oro se interpone en el camino de este proceso insidioso. Se perfila como protector de los derechos de la propiedad. Si se entiende esto, no hay ningún problema para comprender el rechazo hacia el patrón oro”.

Pero ahora, ¿quién dice la verdad?

Nadie.

Porque a las élites –economistas, empresarios, académicos, políticos- se les paga para que no lo vean. Y si por error empiezan a ver algo, se callan.

Al igual que Alan Greenspan, quien entiende muy bien cómo funcionan las cosas pero no quiere renunciar ni al dinero ni al poder.

El Huffington Post explica cómo los amigotes compraron la profesión económica:

La Reserva Federal, a través de su extensa red de consultores, profesores, alumnos y economistas de plantilla, domina el campo de la economía que critica que el banco central se ha convertido en una carga para los miembros de la profesión.

Una forma que tiene la Fed de controlar a los economistas es a través de sus relaciones con los profesionales del gremio. Por ejemplo, en la revista Journal of Monetary Economics, una herramienta imprescindible para el crecimiento de los economistas, más de la mitad de los miembros del consejo editorial están actualmente en la nómina de la Fed, mientras que el resto lo ha estado en el pasado.

Un portavoz de la Fed dijo que las cifras exactas de los economistas contratados por la Reserva Federal no estaban disponibles. Pero sí dijo que la Reserva Federal gastó US$ 389,2 millones en 2008 en “política monetaria y económica” en análisis, investigación, recopilación de datos y estudios sobre la estructura del mercado; US$ 433 millones estaban presupuestados para 2009. Eso es un montón de dinero para un número relativamente pequeño de economistas.

Pero el Huffington Post  se olvida de la historia realmente grande…

Los miembros de la Fed han comprado a todos los intelectuales, financieros, empresarios y académicos.

¿Cómo?

Con el dinero fácil.

Como explicamos la semana pasada en nuestro discurso en el Simposio de Recursos Naturales en Vancouver, Canadá, la mayoría de las figuras públicas deben su riqueza o su reputación a la gran expansión del crédito.

En 1999, por ejemplo, la revista Fortune nombró  a Jack Welch “directivo del siglo”.

¿Este nombramiento se debe a que Welch era un genio o al hecho de que General Electric empezó a moverse en los servicios financieros durante el auge del crédito?

Warren Buffett es considerado como el mayor inversor que jamás ha existido. Pero fue una gran suerte para Buffett haber invertido durante la mayor expansión de crédito.

¿Y cómo llegaron Ben Bernanke o Janet Yellen a ser jefes de la Fed?

No podrían haberlo hecho sin el viento de la expansión de crédito soplando detrás de ellos, lo cual parecía tener sentido dentro de sus absurdas teorías.

El crédito barato no solo ha embellecido el currículum vitae y la reputación de algunas personas, sino que también las ha vuelto dependientes. La educación ha recibido donaciones libres de impuestos de personas que habían hecho sus fortunas gracias a la deuda, por no hablar de los más de mil millones de dólares en tasas de matrícula financiados por el programa de préstamos estudiantiles de la Fed.

Las empresas venden sus productos con un crédito barato, hacen sus beneficios con ello y entonces dependen del crédito barato para emitir bonos, recomprar sus propias acciones y pagar los intereses de sus bonos.

Mientras tanto, el Estado funciona gracias al déficit. De nuevo, todo es posible gracias al crédito barato.

Y ahora, casi todos necesitan el crédito barato para pagar su hipoteca, conservar su trabajo, aumentar sus existencias, y mantener sus gastos financieros.

¿Quién se atrevería a decir la verdad?

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.