Estás durmiendo con el enemigo…

Estás durmiendo con el enemigo…

En momentos de alta volatilidad como los que vivimos hoy, la mayoría de las personas –sin saberlo- son el principal obstáculo entre ellas y el éxito de sus inversiones. La calma llegó a su fin y tenés que estar preparado.

“Si no podés ver caer un 50% tu inversión sin entrar en pánico, no inviertas en la Bolsa”, suele decir Warren Buffett, director Berkshire Hathaway. Con esta frase, el tercer o cuarto hombre más rico del mundo (dependiendo del ranking que se mire), conocido también como el Oráculo de Omaha por la asertividad de sus predicciones, revela una verdad que parece de obvia pero que muchos suelen olvidar.

Una amiga, directora de una importante sociedad de Bolsa porteña solía decirme, en tono de broma: “yo le digo a algunos clientes (inversores) que si se ponen ansiosos, apaguen la computadora”.

Pero la realidad es que las emociones suelen jugarle una mala pasada a aquellos que tienen menos batallas en el cuerpo.

¿Y por qué te hablo de esto ahora?

Sucede que durante los últimos 24 meses vivimos un estado de relativa calma en los mercados mundiales que, por contagio, llegó a la Argentina. Pues bien, ya no estamos ahí.

El precio de los commodities está tocando sus mínimos históricos –sobre todo el petróleo-, China emprendió una carrera devaluatoria sin precedentes de su moneda (el yuan), Europa sigue haciendo de las suyas y la Reserva Federal sabe que le queda poco margen para seguir sosteniendo una tasa de interés virtualmente en cero (0,25%).

Sí amigos, la volatilidad volvió. Los activos retomarán una senda errante, de alzas alternadas con bajas, sin un rumbo tan claro como el que evidenciaron el S&P 500 o el Dow Jones en los últimos dos años.

Y es acá cuando las emociones empiezan a jugar su partido…

Sin duda es algo que bien saben quienes están posicionados en acciones ligadas al crudo o que apuestan por el commodity en sí.

Fijate la curva que dibujó en el último tiempo.

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Seguro que fueron centenares los inversores que abandonaron sus apuestas, asumiendo grandes costos. Muchas veces, se suele recomendar la aplicación de stop losses a modo de “seguro de vida” del inversor, pero no es suficiente.

Puede que poner un límite fijo a la pérdida deje afuera el análisis de variables que son netamente coyunturales y momentáneas. Nada, repito, nada sustituye el instinto y el análisis del inversor.

Por caso, la Bolsa china bajó 15% en las últimas siete ruedas, pero subió casi 10% si analizamos las últimas dos. Los que huyeron despavoridos, presos del pánico, sin duda se perdieron la recuperación.

La Bolsa local no fue ajena a la tormenta internacional. El Merval cayó 13% entre el miércoles 19 y el martes 25 de este mes; y se disparó 11,7% en los últimos dos días.

De nuevo, aquellos que tenían rígidos stop losses tuvieron que aceptar la salida a precios bajos. Por el contrario, quienes tuvieron mayor temple y confiaron en su análisis inicial, más allá del rojo de las pantallas, hicieron negocio.

Existen varios tips para poder controlar de mejor manera las emociones: tener un plan que no se modifique con vaivenes coyunturales (si es que los fundamentos del análisis no cambiaron), no vender desesperado ni engolosinarse con resultados perdiendo de vista el objetivo inicial, siempre tener un plan de salida, sólo invertir cuando aparezca la oportunidad (si no hay una alternativa interesante lo mejor es tener el dinero en el banco), entre otras.

Desde la revista Inversor Global intentamos apuntalar estos conceptos. Esto decíamos en la edición de este mes:

En gran parte la personalidad ya viene incorporada en al sujeto, viene “de fábrica”. Es decir que -ante las mismas circunstancias históricas en la vida de dos personas- éstas reaccionarán en forma distinta ante igual propuesta de inversión: una la tomará y la otra exigirá mayor retorno para poder aceptarla.

Se puede ver, a través de curvas de indiferencias, en una relación riesgo/retorno esperado, cómo el empinamiento marca el mayor grado de aversión al riesgo. Cuanto más aplanada sea dicha curva de indiferencia, ese inversor tendrá propensión a asumir riesgos mayores ante el mismo retorno esperado o estará satisfecho con una rentabilidad pronosticada menor que la de otro inversor ante la misma cantidad de riesgo.

Pero además esa personalidad se construye. Es decir, dos personas serán distintas a la hora de invertir, una tomando poco riesgo y la otra mucho, si poseen diferentes niveles de conocimiento sobre la materia, o bien porque la experiencia anterior (ya sea positiva o negativa) las marcó, o porque sus objetivos y su horizonte temporal son distintos.

Por supuesto que en la nota podés encontrar mucho más información sobre cómo esquivar las trampas que tu cerebro te pone. Además, te brindamos alternativas de inversión específicas, tanto para realizarlas en el mercado local como en Wall Street.

Te invito a suscribirte a la revista, haciendo click acá.

Un fuerte abrazo,

Ignacio.