Esta guerra es tuya también

dolar (1)

Hay una batalla en marcha entre los que sostienen al sistema y los que viven a expensas de este. Tal vez tú mismo estés en el bando equivocado. Descúbrelo a continuación.

Informando desde París, Francia

Para introducir el tema de hoy diré que nadie sabe lo que está pasando, absolutamente nadie lo comprende.

Todo lo que podemos hacer es abrir los ojos y mirar, de un lado a otro, con malicia hacia una dirección y con sonrisa pícara en la cara hacia la otra.

Dicho esto, la “Guerra Zombi” es invención nuestra. Así describimos a las fuerzas involucradas y lo que realmente está en juego. Por ejemplo, ¿por qué hay una lucha desesperada por mantener inflada la burbuja de crédito? ¿Por qué no dejan que escape aire para que los precios de los activos caigan?

Porque las fuerzas de un lado –zombis, compinches y miembros de los bancos centrales- quieren que la gente viva a sus expensas. Que gasten dinero que  no es de ellos es una forma de conseguir este objetivo. ¿De dónde saca la gente el dinero? Del crédito, algo que está en gran parte (pero no completamente) bajo su control.

Pero, ¿quién está en el otro lado? “Los buenos trabajadores, los ciudadanos honestos”, podríamos decir. Pero no tienen que ser especialmente buenos trabajadores. Muchos no mojan la camiseta. ¿Y honesto? No necesariamente. Es posible que muchos incluso hagan trampa a la hora de pagar sus impuestos o engañen a sus parejas; no lo sabemos.

Todo lo que podemos decir con seguridad es que no son zombis, compinches, o matones del gobierno.

Por otro lado, hay mucha gente honesta y trabajadora que cae en la categoría zombi por causas ajenas a su voluntad. Las personas que están cobrando ahora pensiones superiores a lo que contribuyeron al sistema. En una pequeña medida, una persona que estaciona su auto en un lugar reservado para personas con discapacidad está disfrutando de un privilegio zombi. Los maestros, los bomberos, los militares o el personal sanitario, todo un conjunto de personas que trabajan duro y hacen un trabajo honesto, pueden ser zombis también. Su trabajo puede ser innecesario, improductivo o injustamente pagado, gracias a la intervención del gobierno. En muchos casos, ante la ausencia de un mercado activo para sus servicios, es imposible averiguarlo. El profesor de un colegio público puede hacer un excelente trabajo, por ejemplo, y por eso podría disfrutar de una compensación muy superior a la de la enseñanza privada. Se podría decir entonces que es “medio-zombi”.

No te lo tomes como algo personal. En tu lugar, vamos a considerar la naturaleza del propio sistema.

Nuestro amigo Liam Halligan hace poco destacó el libro de Paul Mason titulado Post-Capitalismo. Nosotros no leeríamos ese libro. Podrías pensar incluso que el título es una tontería. Se malinterpreta la palabra capitalismo desde el primer momento. El autor parece pensar que se trata de un sistema precioso, con normas y principios que se pueden mejorar.

Mason escribe que solo podemos “rescatarnos a nosotros mismos del caos y la desigualdad dando un paso más allá del capitalismo”. De este modo, el autor se coloca tras una larga fila de personas que buscan arreglar el mundo porque se creen más listos que los demás.

Porque el capitalismo no es un “sistema” como la democracia. No es algo que haya sido diseñado. No se puede mejorar de forma consciente. Es el resultado –o debería serlo- de los mercados libres, incluyendo los pintos de vista, el trabajo, las apuestas y la suerte de millones de personas en todo el planeta.

¿Mejorarlo? También debería “mejorar” el precio de las acciones de Coca-Cola o el de un kilo de duraznos. El capitalismo no es un sistema que se pueda tomar o dejar, o tomar algunas partes y dejar las demás en función de nuestras necesidades.

El capitalismo es lo que se tiene cuando se respetan las normas de la civilización: No matar. No robar. No levantar falso testimonio. El resto, probablemente, no importa, no nos hemos tomado la molestia de pensar demasiado en ello. Jesús juntó sus reglas en dos lecciones muy importantes al dar su “Sermón de la montaña”: Ama a Dios; Ama a tu prójimo. El erudito judío Hillel puso la idea en otras palabras para que hasta un niño lo pudiera entender: No hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti.

Todo lo demás son detalles. Tú no puedes amar al prójimo y a la vez robarle sus cosas. Y si sigues esa regla, lo que tienes es el capitalismo. No hay forma de “mejorarlo”.

Pero a lo largo de la historia surge gente con buenas ideas; Uber, por ejemplo. Gracias a esta aplicación puedes encontrar transporte rápido. Tanto el conductor como la persona que necesita desplazarse son rastreados por el sistema para proporcionar una pista de calidad/fiabilidad. Si a los clientes no les gusta un servicio, no lo usan. Sencillo, ¿no? ¿Justo? ¿Honesto? Al capitalismo no le importa ni le preocupa. Todo depende de los compradores y vendedores.

¡Espera! ¿Podemos mejorar este “sistema”? “Sí”, dicen los compinches.

¿Cómo? ¡Cerrándolo!

Eso es lo que la policía de París trata de hacer. Hay un informe que dice que es ilegal utilizar la aplicación Uber. Y en Nueva York el alcalde Bill de Blasio quiere limitar el número de nuevos conductores que Uber puede registrar. ¡Esa es la manera de impulsar el empleo!

Y Hillary Clinton, campeona de los zombis y compinches de todo el mundo, advierte que la “economía colaborativa” va a tener que esperar. Promete que si llega a ser presidenta de los Estados Unidos no le quitará el ojo a este nuevo sistema.

Hay una batalla en marcha entre los que sostienen al sistema y los que viven a expensas de este. Tal vez tú mismo estés en el bando equivocado. Descúbrelo a continuación.

Ama al prójimo, pero sólo si esto contribuye con tu campaña electoral.

Saludos,

Bill Bonner

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt”, que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.