Un gobierno en guerra con la economía

Un gobierno en guerra con la economía

 

La Nueva Doctrina de Inteligencia Nacional es un paso más hacia un sistema autoritario y de control total. El gobierno se pelea con las consecuencias de sus propias políticas.

El gobierno está en guerra con la economía. Si pudiera, derogaría la ley de la oferta y la demanda, pero ni con una mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso podría hacerlo.

El último capítulo de esta guerra es el decreto presidencial publicado el martes pasado en el boletín oficial, que aprueba la Nueva Doctrina de Inteligencia Nacional, algo así como una hoja de ruta para la nueva SIDE, llamada ahora AFI (Agencia Federal de Inteligencia). En esta nueva Doctrina se ponen en pie de igualdad las amenazas a la seguridad interior que puedan venir tanto de parte de grupos militares como de “grupos financieros” (sic). Verdaderamente alucinante.

Si resulta difícil de creer, puede leerse lo que informa Infobae citando la fuente original:

La nueva normativa establece que la AFI tendrá que prevenir cuatro tipos de delitos en el campo de la seguridad interior. El más llamativo es quizás el segundo punto, que establece que el organismo tendrá que trabajar para evitar “los atentados contra el orden institucional y la vida democrática, ya sea que se trate de grupos políticos y/o militares (…) o grupos económicos y/o financieros“.

En este último grupo son nombrados como posibles agresores las “empresas, bancos, compañías, financieras, etc.” Que “lleven a cabo acciones tendientes a la desestabilización de gobiernos democráticos mediante corridas bancarias y cambiarias, desabastecimientos, golpes de mercado, etc.“.

Lo primero que llama la atención es que se considere una “problemática relevante en materia de seguridad interior” a una corrida cambiaria o al desabastecimiento de bienes y servicios, por ejemplo, y se lo equipare con un golpe de estado o un intento de revolución armada. Las diferencias son enormes.

En el caso de una corrida cambiaria, lo que sucede es que la gente busca desesperadamente cambiar sus pesos por dólares. Argentina padeció cantidades de ellas, sin embargo, no se registraron nunca víctimas fatales. Por el otro lado, un golpe de estado o una revolución armada conllevan un muy elevado riesgo de que existan víctimas mortales, una diferencia no menor.

En segundo lugar, se considera que las corridas cambiarias, bancarias y el desabastecimiento son maniobras que intentan desestabilizar gobiernos democráticamente elegidos, “golpes de mercado”. No obstante, esto ignora que a nadie conviene propiciar ninguna de estas maniobras. Mucho menos a empresas, bancos y financieras.

Muy por el contrario, las empresas y los bancos necesitan, para desarrollarse plenamente, un marco de reglas estables, poca inflación, estabilidad cambiaria y pleno abastecimiento de bienes y servicios. Nadie gana con los desbarajustes económicos que menciona la Nueva Doctrina de Inteligencia Nacional.

Por último, no puede dejar de mencionarse un argumento que coqueteacon el insulto a la inteligencia. Es que, en realidad, todos los “delitos económicos” que la Nueva Doctrina de Inteligencia Nacional enumera no son más que la consecuencia inevitable de las propias políticas económicas insostenibles y mal orientadas que emprende el estado. No el mercado.

La corrida bancaria de 2001, por ejemplo, no fue consecuencia de un grupo desestabilizador, sino del gobierno que se había endeudado en exceso con los bancos y luego comenzó a mostrar signos de que no iba a pagar.

¿Quién tiene la culpa, la gente que retira el dinero del banco o el gobierno que gasta de más y no paga?

La hiperinflación y corrida cambiaria de 1989 fue consecuencia del exceso de emisión monetaria, que llegó a superar el 5000% anual, debido a la desastrosa política fiscal de Alfonsín.

¿Quién es el culpable, el que quiere comprar dólares para protegerse, o el gobierno que acude a la masiva monetización de sus déficits?

Por último, el desabastecimiento que se vive en la actualidad en numerosos productos, así como los faltantes de energía y cortes de luz son la consecuencia inevitable de la combinación de inflación y controles de precios, que resultan inevitablemente en escasez.

¿Quién tiene la culpa del desabastecimiento, el productor que abandona su negocio, o el Estado que con los controles le destruye la rentabilidad?

Los gobiernos intervencionistas tienen esta característica. Frente a un problema, deciden intervenir, lo que termina generando nuevos problemas. Sin embargo, como no están dispuestos a aceptar su responsabilidad, intervienen aún más, terminado por controlarlo todo.

Es por esto que Hayek advertía que el límite entre el intervencionismo y el autoritarismo es muy delgado. La nueva legislación es una muestra más de que este gobierno cruzó el límite hace rato.

Un saludo,

Iván.