Lo que realmente está pasando en Grecia

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Lejos de ser algo aislado, la lucha que se está desarrollando en Grecia es una lucha mundial entre los que producen, ahorran y trabajan, y los que viven gracias al crédito como si fueran zombis.

La semana pasada los manifestantes se reunieron en la plaza Syntagma en Atenas. Fueron a protestar contra la crueldad de la vida en general y, más concretamente, contra el acuerdo que su gobierno alcanzó con sus acreedores. “Los trabajadores griegos se preparan para el recorte, ya que Tsipras se vio obligado a renunciar a sus promesas”, recoge el Financial Times.

“Austeridad”, los periódicos lo llaman así. Pero eso es sólo un discurso. Austeridad es lo que Grecia hubiese tenido sin los 250.000 millones de euros en fondos de rescate de sus vecinos y dos reestructuraciones de deuda. Sin ellos, los salarios y las pensiones del sector público estarían sin pagar. El sistema bancario se habría derrumbado. Y el ahorro griego habría desaparecido. En realidad, Grecia sólo ha recortado los sobornos extravagantes y los pagos a los zombis; es el precio de mantener el juego en marcha.

Si los griegos quieren más dinero, tiene que parecer que van a usarlo con prudencia. Si sus compinches prestamistas quieren seguir manteniendo los prestamos, ellos tienen que fingir que les devolverán el dinero. Al igual que las guerras de zombis en Oriente Medio, lo importante no es ganar o resolver problemas, lo que de verdad importa es mantener el flujo del dinero.

A pesar de las protestas, los zombis en Atenas estaban tranquilos y apáticos. Sabían que el nuevo acuerdo alcanzado con Bruselas el fin de semana mantendría el flujo de carne fresca, aunque no tanto como les gustaría. ¿Cuál es la alternativa? ¿El impago de su deuda y vivir dentro de sus posibilidades? “Esperemos que Syriza se ocupe de nosotros”, dijo un conserje.

“La gente necesita creer en algo”, dijo un compañero en París, Simone Wapler, durante un almuerzo. “Necesitan un discurso lo suficientemente simple para que lo puedan entender”. El bien contra el mal, blanco contra negro, estados rojos contra estados azules, alemanes malos contra los pobres griegos, el discurso debe carecer de matices, sutilezas y contradicciones. Es decir, debe estar alejado de la realidad.

La creencia popular sobre la crisis de 2008 es que fue causada por la codicia y la falta de regulación. A continuación, las autoridades intervinieron para salvarnos. Desde entonces, han alimentado cuidadosamente una “recuperación”. Cuando sea conveniente, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, convertirá de nuevo a la economía en la fuerza del mercado.

Nosotros tenemos un discurso diferente –aún en evolución, por eso está lleno de paradojas y confusión. Lo que está pasando en realidad es una gran guerra zombi. Los vagos, los manipuladores y timadores están luchando por mantener el control sobre la producción de la economía productiva. Las cosas se les han puesto difíciles.

Primero, porque hay demasiados zombis. No hay suficiente carne humana para todos. Segundo, los zombis han impuesto tantas regulaciones y distorsiones que la economía se ha vuelto menos productiva.

Muchas de las batallas que se ven en las noticias son realmente entre los diferentes grupos de zombis, cada uno luchando por una mayor parte del botín. Los maestros quieren aumentos salariales. El Pentágono quiere más aviones o tanques. Wall Street quiere el crédito más barato.

Por supuesto, los zombis siempre estarán con nosotros. Lo que hace única a la Gran Guerra Zombi es que nunca antes había habido tantos zombis, y nunca antes dependían tan fuertemente del crédito. Por lo general, las partes no productivas de una sociedad se limitan a la producción del excedente a su disposición. Cuando el superávit desapareció, también lo hicieron los zombis.

Pero luego vino el sistema monetario –en 1971- con su (teóricamente) suministro ilimitado de crédito. De repente, el cielo era el límite. ¿Los bomberos querían jubilarse a los 45? No hay problema. ¿Necesitan un nuevo estadio de fútbol? Ahí lo tiene. ¿Más subsidios para los productores de azúcar? ¡Claro que sí!

Rápidamente a la gente dejó de preocuparle los zombis. Y no les importaba convertirse en uno de ellos. Los días de pago de millones de dólares fueron considerados como algo indecoroso. Nada más. ¡Consíguelo mientras puedas! ¿y por qué no? Con todo este dinero nuevo en forma de crédito parecía que la sociedad apoyaba a los zombis.

Pero, ¿qué pasa con la deuda? A mediados de la década de 1980, el Partido Republicano perdió por su rechazo al gasto deficitario. Los déficits no importaban a los votantes. La gente pensaba que una gran hipoteca era algo bueno. Los precios de las viviendas estaban subiendo. Las acciones subían. Si quería hacerse rico sólo tenía que subirse a “la escalera mecánica”.

Cuanto más grande fuese la hipoteca, más grande sería la casa, más acciones podría comprar y más grande sería la ganancia cuando vendiese esos títulos. Así, la deuda total creció. Pasó del 150% del PIB en los años 1950, 1960 y 1970, hasta el 350% del PIB a partir del 2000.

Los zombis corrieron desde Wall Street hasta la plaza Syntagma, desviando miles de millones de capital hacia la economía productiva. Este es el mundo que los zombis y sus compinches están luchando por proteger.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.