La gran batalla española y su impacto global

La gran batalla española y su impacto global

 

El partido gobernante español, el Partido Popular, pareció entender que sin equilibrio fiscal y libertad económica no se puede crecer. Y gracias a esto la economía española se recupera sin pausa. Pero en noviembre hay elecciones y partidos de la oposición, inspirados en la izquierda chavista, pueden ganar. ¿Qué puede ocurrir?

Reportando desde Madrid, España

Pasamos una semana muy calurosa en Madrid, con una temperatura que por momentos llegaba a los 42 grados. Las ideas que trajimos, frescas y dinámicas, sufrieron más de lo pensado para salir adelante. Pero las fantásticas reuniones que tuvimos con el creciente y pujante equipo de Inversor Global España facilitaron mucho la tarea.

Es que España está en un momento apasionante. Para aquellos que nos fascina la libertad económica, que pensamos que es un derecho fundamental de las personas, la lucha que se está llevando a cabo en estos momentos en España encandila.

Por un lado, tenemos al Partido Popular liderado por el actual presidente español Mariano Rajoy. Este partido implementó durante los últimos años reformas que buscaron darle espacio al sector privado para dejarle hacer lo que mejor sabe: producir. Rajoy implementó un programa para bajar el gasto público y disminuir las regulaciones sobre la economía. Gracias a estas reformas España no solo no cayó en default, como se temía sólo dos años atrás, sino que, mejor aún, comenzó a crecer nuevamente.

Si bien estas reformas no fueron las que los economistas independientes como Daniel Lacalle esperaban- “no se hicieron ni un cuarto de las reformas que esperábamos”, me comentó en una reunión que tuvimos en el elegante Hotel Villa Magna de Madrid el miércoles pasado- lo concreto es que son mejores que nada. De hecho, la economía crece de nuevo y eso es una buena noticia.

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Daniel Lacalle cierra su participación en la Conferencia anual de Inversor Global junto a Federico Tessore

Lo natural ante este escenario sería esperar que el Partido Popular tenga apoyo electoral mayoritario. Pero la realidad no está mostrando esto en forma clara, por el contrario, la oposición populista está consolidándose rápidamente.

Algunas semanas atrás dos partidos políticos de izquierda ganaron las elecciones por las Alcaldías de dos de las ciudades más importantes de España: Madrid y Barcelona.

Ada Colau, la nueva alcaldesa de Barcelona, está tomando medidas particularmente difíciles de entender. Por un lado, su programa de gobierno planea expandir de manera exponencial el gasto público. Barcelona pasará de tener un superávit de 14 millones de euros en el último año a un déficit de 250 millones durante el próximo año.

Como Barcelona tiene poca deuda, si la comparamos con Madrid por ejemplo, su idea es endeudarse para pagar este exceso de gasto público. Su plan consiste en crear planes sociales, empleo público, dar subsidios, entre otras medidas populistas, aumentando la deuda. En definitiva, su plan es “regalar dinero” endeudando a las futuras generaciones de catalanes.

Pero no contenta con eso además Colau se está ocupando de regular el próspero y creciente mercado del turismo de Barcelona. ¿Para qué regularlo si el turismo se ha transformado en uno de los pilares de la economía de Barcelona? La justificación es la misma que usan todos los populistas, “para defender el bien común…”. El economista español Juan Ramón Rallo describe esta industria de la siguiente manera:

Barcelona es la ciudad española con un mayor número de turistas y la tercera urbe europea con más gasto turístico. En concreto, y según el estudio de MasterCard, la Ciudad Condal recibe alrededor de 7,6 millones de turistas que gastan 12.313 millones de euros (cinco veces más que todo el presupuesto anual del Ayuntamiento).

Insólitamente la nueva alcaldesa está lanzando una batería de medidas para restringir esta actividad. Desde la suspensión de la creación de nuevas estructuras hoteleras, hasta ampliar el cuerpo de inspectores que sancionan a los particulares que alquilan sus departamentos a los turistas o la revisión de la celebración de congresos internacionales.

Para terminar esta orgía de intervencionismo la nueva alcaldesa de Barcelona quiere prohibir a los bancos ejecutar las viviendas cuyos dueños no estén pagando sus préstamos hipotecarios, además de legalizar las expropiaciones de locales “injustificadamente” vacíos para destinarlo a usos comunitarios.

¿Se imagina en que redundarán todas estas medidas no?

Sí, adivinó, en menos turismo, menores ingresos, baja en la inversión, viviendas más caras, menos puestos de trabajo. Como siempre ocurre con los líderes populistas que prometen ayudar a los más desprotegidos y vulnerables, los terminan enterrando.

A fin de año el pueblo español votará un nuevo presidente. Por un lado estará el Partido Popular con su propuesta “alemana” de manejar la economía. Austeridad y libertad para atraer las inversiones e incrementar la productividad y la producción.

Por otro lado estaría el PSOE, de centro izquierda, pero que se podría asociar a grupos de extrema izquierda como el revolucionario partido Podemos, financiado por el chavismo venezolano, para juntos intentar arrebatarle el gobierno al Partido Popular y llevar el populismo de España a escala nacional.

Si los españoles optan por esta segunda alternativa, si prefieren creerles a los políticos que prometen el camino fácil para la prosperidad, aquel que se basa en sacarle más dinero al sector de ciudadanos que produce y transferirlo al que no produce, aquel que sin excepción termina explotando, España será un país más de la lista de los países populistas de nuestra era. Pero además ejercerá una fuerte influencia sobre el resto del mundo, especialmente sobre América Latina, dándole fuerza a los líderes populistas que amenazan a países en todo el mundo.

En cambio si los españoles deciden renovarle el mandato al Partido Popular, que sin ser los paladines de la libertad económica, están llevando a España a la senda de la disciplina fiscal, España no sólo podrá seguir creciendo, sino que, mejor aún, se convertirá en un ejemplo a seguir para países como Argentina o Chile que están librando batallas similares con resultados inciertos.

Una batalla local con impacto global. Hay mucho en juego y desde Inversor Global, prometemos mantenerlo informado.

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Algunas reflexiones adicionales….

Axel Kicillof, el irreverente Ministro de Economía de la Argentina, tiene un estilo increíblemente parecido al ex Ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. Ambos son profesores universitarios con impronta Marxista, ambos no usan corbata, ambos son pedantes, maleducados y agresivos.

Tal vez la mayor diferencia viene por el lado que el ex ministro griego se maneja en moto por las calles de Atenas, donde reparte sonrisas y saludos mientras su país se derrumba. Luego son todas coincidencias. La mayor es esa actitud pedante para dirigirse a sus acreedores.

Estamos ante dos ministros de economía de dos países quebrados que no pueden pagar su deuda. Y que en vez de pedir perdón, de tener un poco de vergüenza o autocritica por no poder cumplir sus compromisos, atacan y son agresivos con sus acreedores. Se sienten “en el derecho” de no pagar…

Bienvenido al nuevo mundo de los ministros de economía “cool”, jóvenes, pedantes y seductores. Se divierten jugando al papel del “Che Guevara moderno” mientras destruyen economías enteras…

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina