Tres medidas que fulminan a los corruptos

Tres medidas que fulminan a los corruptos 

Nadie se anima a tomarlas, pero solo requieren de decisión. No son complejas de implementar y una vez tomadas fulminan a los corruptos para siempre, obligándolos a trabajar en algo productivo.

Por Federico Tessore

Las personas por naturaleza somos egoístas. Todos buscamos nuestro propio bienestar. Queremos vivir mejor y alcanzar nuestros sueños. Y para ello, necesitamos dinero, un recurso escaso en el medio de deseos ilimitados.

Cómo distribuir esos recursos escasos entre las necesidades infinitas es el conflicto que afrontamos todos los días. Tenemos que pensar cosas como: en qué gastamos el dinero, primero, o cómo podemos obtener más para alcanzar más deseos.

En el medio de ese conflicto tenemos que navegar diariamente. Y preferentemente, no terminar naufragando.

Pero para complicar las cosas aún mas, las personas además de egoístas somos vagas. Nos gustaría satisfacer todas nuestras necesidades con el menor esfuerzo posible. Si yo le doy a elegir entre ganar 10, dedicando 10 horas de trabajo, o ganar esos mismos 10, pero dedicando solo 5 horas, la elección es obvia. Todos queremos trabajar menos y ganar más.

Un sistema económico debe partir de esa base para operar. Debe buscar un arreglo por medio del cual las personas -egoístas y vagas- puedan convivir con otras sin agredirse, alcanzar sus objetivos sin perjudicar al prójimo y, en el mejor de los casos, no solo superarse individualmente sino también contribuir a la superación general y colectiva.

¿Es esto posible?

A decir verdad, parece complicado. Sin embargo, está lejos de ser imposible. Si la humanidad progresó tanto como lo hizo durante los últimos 200 años es porque muchas personas se esforzaron para mejorar sus vidas y la de sus compañeros. Crearon sistemas, productos y servicios que solucionaron nuestros problemas diarios y mejoraron la calidad de vida de todos. Y los beneficiarios ofrecimos nuestro dinero a cambio de estas creaciones.

Se logró la magia de convertir ese egoísmo y comodidad, en progreso y prosperidad. Todo a base de mucho trabajo, de mucho esfuerzo.

Hay un sistema económico que facilita que esto se pueda dar. Se llama Sistema Capitalista. Está basado en la libertad de las personas, su derecho a la vida y a la propiedad. Es el sistema que ha permitido el progreso de nuestra humanidad durante los últimos 200 años.

Por supuesto que se trata de un sistema que no puede resolver la restricción inicial que le comentaba: recursos escasos y necesidades infinitas. Solo se trata de un sistema que puede administrar esa restricción y resolverla de la forma más justa posible.

Y cuando digo justo me refiero a que cada persona debe ganarse el derecho a acceder a los recursos. Debe trabajar mucho o ser creativo, innovador o simplemente carismático para lograr crear valor para los demás.

El “problema” es que este sistema asegura el bienestar a aquél que se esfuerza. Al que trabaja fuerte y sobrevive a las fuerzas del mercado. Premia la eficiencia, la creatividad y la innovación.

Pero este sistema no funciona en la esfera política. Los que toman el poder, de hecho, tienen la capacidad de crear reglas arbitrariamente y, con ellas, vivir muy bien con muy poco trabajo, pero sin crear un verdadero valor agregado para la sociedad. Esa es, básicamente, la tarea de los políticos.

Ellos son igual que usted o yo, egoístas y vagos. Bueno, tal vez un poco más que usted y yo…  Pero lo que hacen es buscar la forma para vivir lo mejor posible evitando la necesidad de trabajar en algo productivo. El político, la mayoría de las veces, no produce nada. Ni un solo peso, ni un solo dólar de valor agregado.

Ellos solo crean las reglas que les permiten sacar cada vez más dinero de los que producen para dárselo a los que no producen, a ellos y a sus amigos. Y para eso cuentan con tres herramientas fundamentales:

  1. Los impuestos
  2. La deuda
  3. La emisión monetaria

Mediante estos tres canales, los políticos y sus amigos se hacen con el dinero que necesitan para viajar en avión, contratar custodios y veranear en los lugares más exóticos. Pero eso no es todo: también se hacen de los recursos para comprar las voluntades necesarias que los perpetúan en el poder.

Por ello, si usted quiere eliminar para siempre esta actitud parasitaria de nuestro país, debe promover tres medidas sencillas y de rápida aplicación:

1 – Limitar los impuestos. Hoy nuestro país tiene una presión tributaria en torno al 45% del PBI, de las más elevadas de la región. La ley que propongo es muy simple y está contenida en una sola oración: Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales nunca podrán crear impuestos que representen más del 20% de los ingresos totales de los ciudadanos. Punto, nada más, no se necesita ni un abogado ni un contador para redactarla. Si la ley se cumple, la presión tributaria caerá 25 puntos, un formidable y más que necesario estímulo para los inversores y productores de Argentina.

2 – Limitar la deuda. Los políticos son especialistas en pedir dinero prestado para gastar, comprar poder y enriquecerse. Por eso, la segunda ley es todavía más simple que la primera y dirá: Los gobiernos nunca podrán endeudarse por mas del 5% de sus ingresos tributarios anuales. Nunca y bajo ninguna circunstancia. Si el gobierno recauda $ 100 de impuestos, entonces solo podrá tomar $ 5 de deuda, nada más.

3 – Prohibir la emisión. El tercer vehículo que tienen los políticos para vivir como reyes sin trabajar es crear dinero. Para eso se creó el Banco Central: para emitir dinero sin respaldo y sin límites. Por eso, la tercera ley es sacarle la máquina de producir dinero a los políticos. Esta ley dirá: El gobierno no tiene participación sobre la moneda que usen los ciudadanos. La moneda será elegida libremente por cada uno y entre las partes. Si queremos usar el dólar, lo hacemos y si preferimos usar Bitcoins, también. El gobierno solo podrá encargarse de publicar las tasas de conversión que defina el mercado y cobrar sus impuestos en una sola moneda, si lo desea, pero nada más.

Con esas tres medidas los problemas que generan los gobiernos llegan a su fin. Y el problema de cómo salir adelante en nuestras vidas pasará a cada uno de nosotros. Aquellos de nosotros que nos esforcemos, triunfaremos. Aquellos de nosotros que prefiramos ver televisión en vez de trabajar, viviremos con lo que tengamos.

Pero nadie tendrá la opción, como tienen muchos hoy, de vivir como reyes sin producir nunca nada real, sacándole dinero a aquellos que producen.

¿Sucederá esto alguna vez? Sinceramente, lo dudo. Por ello, desde Inversor Global repetimos una y otra vez lo mismo: o se salva usted mismo armando su propio patrimonio alejado de los políticos de turno o estará siempre a merced de las garras de estos amigos de lo ajeno…

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

P.D.: Según el índice de Percepción de Corrupción, elaborado por Transparencia Internacional, Venezuela es el país más corrupto de la región, mientras que Uruguay es el más transparente. En el medio están países como Argentina, Brasil, Colombia, Chile, entre otros. Basta fijarse el desarrollo económico que cada país tuvo en la última década para darse cuenta de cómo el flagelo de la corrupción incide en el bienestar individual y general.