No todos los banqueros centrales son idiotas

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De visita en Suiza, Bill Bonner tuvo la oportunidad de conversar con un distinguido banquero central. Te explico a continuación por qué este personaje cree que el colapso del sistema financiero mundial es inevitable.

Desde Ginebra, Suiza

 

Hace muchos años abrí una cuenta en uno de los bancos más antiguos y prestigiosos de Suiza. De vez en cuando- por lo general en primavera, cuando podemos encontrar espárragos blancos con salsa de crema en los restaurantes- voy a saludar.

 

La visita no me emocionó, pero tampoco me decepcionó. Nuestra cartera –francos suizos, oro y algunas acciones- ha subido 2,5% este año. No es malo. Tampoco es bueno; es satisfactorio. Tú no usas una cuenta suiza para hacer dinero, o para ocultar dinero, o evadir impuestos. Esos días han quedado atrás. Tú mandas tu dinero a Suiza con la única esperanza de que todavía esté allí cuando lo necesites, por ejemplo, dentro de 30 años.

 

“No estaría tan seguro”, dijo nuestro banquero suizo. “Nuestro Banco Central ha hecho más que cualquiera de ellos. Creó francos suizos para comprar euros para tratar de mantener el valor de cambio del franco bajo y proteger a los exportadores suizos. El año pasado, se había acumulado el equivalente a cerca de medio billón de dólares en moneda extranjera – o aproximadamente 70% del PIB suizo. En realidad, el Banco Nacional de Suiza es el fondo de cobertura más grande de Suiza”.

 

Al igual que todos en el mundo desarrollado, los suizos tienen un montón de deuda. Nos fijamos en una casa al lado del lago de Ginebra. ¿Cuánto costaba? Era una casa común, sin nada especial, excepto que tenía una bonita vista del lago. “Cerca de US$10 millones. Pero si pides prestado a un 1% estamos hablando de una hipoteca mensual de unos US$8.000. Y con tantos bonos suizos con rendimiento nominal negativo, alguna de esos tipos hipotecarios están por debajo de cero. Es una locura”, me dijo este banquero.

 

En Estados Unidos, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, está aparentemente preocupada. Reconoce que si la Fed mantiene los tipos de interés a corto plazo demasiado bajos durante demasiado tiempo puede causar más distorsiones en la economía.

 

Tenemos noticias para ella: la economía mundial está muy enrevesada. Las casas son caras en Suiza. Los propietarios de viviendas tienden a tener grandes hipotecas con bajos tipos. Y como todo el mundo en el planeta, no quieren ver que sus bonos bajen o que su moneda suba.

 

Hasta hace poco, Suiza peleó sus propias batallas en las “guerras de divisas” –fijó el franco en 1,20 euros, para que así las empresas suizas pudieran seguir vendiendo chocolates, medicinas y relojes a la Unión Europea. Después, en enero, se dio por vencido.

 

Suiza es un país pequeño en el corazón de Europa. Cuando los gnomos de Zurich se enteraron de que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, estaba preparando las armas –un programa de flexibilización cuantitativa de un billón de euros- sacaron la bandera blanca. No iban a intervenir más en el mercado de divisas, dijeron. El franco suizo se disparó. Nuestra cuenta subió.

 

Hoy, a la orilla del lago de Ginebra, la gente parece tan adinerada como siempre. Las calles están limpias. Los trenes pasan a tiempo. Los relojes marcan la hora exacta.  Y cuando vas a un buen restaurante suizo, te ofrecen una segunda ración. En resumen, Suiza parece haber hecho por sí misma lo que hizo por nuestro dinero: no ha cambiado.

 

“El problema con ustedes”, dice un fiel lector, “es que están generalmente en lo cierto, pero siempre demasiado pronto”. ¿Pronto? Puede ser. En el caso de la burbuja de crédito, estábamos casi 40 años por delante de la curva. ¡La vimos pintada en la pared en los ‘70! Pensamos que decía: “El fin está cerca para el sistema papel moneda”.

 

Pero malinterpretamos el graffiti. No sabemos a qué se refiere con “cerca”, pero estamos bastante seguros de que el final no estaba próximo; aquí estamos cuatro décadas más tarde con un sistema papel moneda todavía fuerte.

 

De lo que sí que estamos seguros es que nos encaminamos hacia la debacle, pero ¿cuándo se producirá?

 

“Podría necesitar otras dos o tres décadas”. Esa fue la respuesta que recibimos de un banquero central.  Tuvimos el raro placer de cenar con uno mientras estábamos en Suiza. Vamos a guardarnos su identidad. Pero él era un soplo de aire fresco. Y un alivio. Ahora podemos decir con conocimiento de causa: no todos los banqueros centrales son idiotas.

 

Esto es lo que nos dijo: “El mundo financiero está condenado, por supuesto. Pero no necesariamente pronto. Mientras la principal tendencia de la economía sea hacia la deflación, los bancos centrales pueden imprimir dinero sin causar inflación. Pueden comprar bonos. Cuando compran bonos, tienden a bajar los tipos de interés. Ellos también financian los déficits públicos. Y, a partir del ejemplo de Japón, parece que pueden hacerlo casi indefinidamente”.

 

Él está, sin lugar a dudas, en lo cierto. Ellos pueden mantener esta actuación… hasta que ya no puedan. Cuando terminará, nadie lo sabe. Es el futuro, a donde ningún hombre llega con un GPS o un mapa en la mano.

 

Saludos,

 

Bill Bonner

 

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.