Medidas populistas con efectos reales

Las medidas que tienden a un Estado mayor que está tomando Chile no están dejando variable sin perjudicar. Hoy te cuento un ejemplo concreto de los efectos que estas medidas populistas están teniendo sobre el empleo y la producción.

Por Federico Tessore

Desde Santiago de Chile

Estamos terminando una semana agitada. Comenzamos el lunes en Miami, luego volamos a Buenos Aires y cerramos la semana en Santiago. En Buenos Aires tuvimos la oportunidad de compartir una muy linda reunión con un numeroso grupo de inversionistas.

La idea era presentar un nuevo proyecto de inversión inmobiliaria que estamos impulsando en Perú. Pero la mayoría de los inversores termino mostrándose más interesado en las perspectivas de Perú como país en constante crecimiento, con bajos impuestos y regulaciones, que en el propio proyecto de inversión.

Siempre es muy bueno compartir encuentros reales, cara a cara, con nuestros lectores. Espero que pronto podamos organizar una reunión similar en Chile. Porque, como siempre pasa en este tipo de instancias, en la parte de preguntas es donde la cosa se pone divertida.

Por ejemplo, te cuento sobre la intervención de un señor de unos 60 años, quien con mucha tranquilidad se permitió hacer un razonamiento antes de disparar una pregunta. Dijo lo siguiente:

“Hace tres años invertí en Costa Rica. Me atrae la estabilidad del país, tanto económica como política y los bajos impuestos. Solo tengo que pagar 10% de las ganancias y nada más. Luego invertí en el sector inmobiliario de Paraguay. La historia que me atrajo aquí es la de un impresionante crecimiento, de 10% en 2013  y de nuevo los muy bajos impuestos, casi inexistentes. Ahora me voy a unir a este proyecto que están presentando en Perú. De nuevo, los bajos impuestos y el crecimiento de la economía están resultando determinantes en la decisión”.

Luego de hacer una pausa para tomar un sorbo de su copa de vino, prosiguió: “El año pasado quise invertir en España y fue imposible. No solo los impuestos son altísimos, superiores a 30%, sino que también la burocracia asusta. También analicé Chile, pero su economía ya no crece como antes y aunque el país tiene buena prensa, la realidad es que los impuestos para un inversionista extranjero son muy altos, parecidos a los de España. E invertir como extranjero exige varios trámites”.

Y finalmente el buen hombre remato su historia con una reflexión: “¿Saben lo que pasa? Luego de  tantos años de invertir, me terminé dando cuenta de que a la hora de elegir  proyectos de la economía real, como las inversiones inmobiliarias,  el nivel de impuestos de un país termina siendo determinante. Un excelente negocio en un país errado puede ser el peor negocio del mundo y viceversa, un negocio mediocre en un país adecuado, que tenga bajos impuestos y regulaciones, puede convertirse en el mejor negocio”

Este inversionista resumió en tres párrafos lo que nosotros siempre decimos desde este newsletter semanal.

Cuando los políticos -a veces con buenas intenciones otras veces no- deciden que subir impuestos e intervenir más activamente en los mercados es la respuesta para una mayor igualdad y distribución del ingreso, terminan causando lo inverso.

Primero provocan menor inversión, luego menor crecimiento, por lo tanto menos empleo y al final de la película, no solo más desigualdad, sino peor aún, más pobreza.

La semana pasada te mostraba pruebas claras del efecto de estas políticas sobre el empleo en la columna titulada “Un estado que destruye riqueza”, en la cual te demostrábamos cómo el Estado era el único que estaba generando empleo.

Un sistema imposible de sostener en el tiempo.

Y hoy vemos claramente que la actividad va a seguir bajando, con estimaciones de crecimiento que van entre 2,25% y 2,5%, mucho más abajo que las primeras estimaciones. Además los especialistas también estiman que la inversión siga bajando este año otro 1% respecto al año pasado.

Lo que está pasando es muy simple. Multiplica por miles el pensamiento del suscriptor que te contaba arriba. Hoy estamos en un mundo globalizado; Chile compite por el capital de sus propios ciudadanos y por el propio con países de todo el mundo. Si no se esfuerza por seducirlos, estos capitales se van a ir y no van a volver.

Y si esto ocurre, el “milagro chileno” tiene su certificado de defunción asegurado.

Lo que permite ser optimista respecto al futuro de Chile, si comparamos su situación con otros países que enfrentan desafíos similares, no sólo es todo lo logrado durante los últimos veinte años en el país, sino también el hecho de que el índice de aprobación de la Presidenta Michelle Bachelet está en mínimos históricos.

Que la Mandataria tenga sólo 29% de aprobación es una muestra que los chilenos no están conformes con el rumbo de su gobierno.

Esperemos que tampoco estén conformes por las medidas intervencionistas que adoptó la Presidenta que han hundido la economía. Si esto es así, solo será cuestión que el gobierno haga un viraje radical o que, al menos, rompa lo menos posible…

Con esta reflexión, te deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Chile