Hay que saber a quién pedir

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Un joven estudiante de la Universidad de Buenos Aires aprovechó un logro académico para reclamar mayor presupuesto para su facultad enviándole una carta al Ministro de Educación de la Nación. ¿Es ése el camino correcto? ¿O el dinero hay que buscarlo en otro lado?

Por Federico Tessore

Reportando desde Santiago de Chile

El miércoles pasado realizamos una muy linda reunión en Buenos Aires, presentando un nuevo proyecto de inversión inmobiliaria, donde fuimos acompañados por varios viejos y nuevos suscriptores de Inversor Global. Como siempre, es un gusto enorme compartir reuniones presenciales con nuestros lectores.

Luego de tanto contacto online, vernos las caras, intercambiar opiniones, compartir una copa nos da energía. Sólo con energía positiva podemos seguir navegando las indomables tormentas del mundo de las inversiones globales.

Y luego de la reunión pasamos algunos días en Santiago de Chile, con el pequeño pero vigoroso equipo de Inversor Global Chile. Un equipo que está teniendo que trabajar con mucha dedicación para intentar explicar el insólito vuelco que el gobierno chileno dio durante el último año.

Luego de ser el país estrella por más de dos décadas, hoy el gobierno de Chile parece estar intentando recorrer el camino populista que tomaron países como Argentina y Venezuela. Los resultados de estas decisiones ya se ven en los números: cada vez menor crecimiento económico y cada vez menos empleos productivos.

Y uno de los grandes temas de discusión en Chile hoy es la educación. Están pasando de un sistema basado en la educación privada a un sistema basado en la educación pública. En vez de intentar perfeccionar un sistema que no estaba funcionando bien, los chilenos decidieron ir hacia un sistema que no tiene otra posibilidad que terminar en un fiasco. Chile va hacia el sistema argentino de educación universitaria gratuita.

Un sistema que obliga a toda la población de un país, inclusive los pobres, a financiar la educación universitaria de un pequeño grupo de privilegiados que puede vivir el gran sueño de estudiar gratis, sin presiones ni exigencias. Un sistema que asegura acceso a muchos, no a todos, a costa de cada vez peor calidad.

Y si  bien parece que el tema de la educación salió de la agenda mediática de los argentinos, hoy más preocupados en saber si Cristina elige a Scioli o a Randazzo o en si Macri acuerda con Massa o no, súbitamente conocimos una noticia relacionada al tema educativo que me parece interesante comentar.

El diario La Nación decía lo siguiente sobre el tema el pasado día jueves:

“Le gané a Harvard, pero quiero presupuesto para mi Facultad”. Tiene 22 años y formó parte del equipo argentino que hace dos semanas ocupó el decimoctavo puesto en el Mundial de Programación de Marruecos, ganándole a prestigiosas universidades como Harvard, y salió campeón latinoamericano. Sin embargo, la alegría pronto se vio empeñada por la falta de recursos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

 Lucas Tavolaro Ortiz, que además de estudiante es docente de Ciencias de la Computación, le escribió una carta al rector de la institución, Alberto Barbieri, y al ministro de Educación, Alberto Sileoni , alertándolos sobre la situación y advirtiendo que si no hay una solución rápida no cree que puedan seguir obteniendo logros como el de Marruecos.

 “El decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, ha declarado recientemente que con el presupuesto asignado ‘la Facultad no llega a Octubre’. Sucede que, para este año, el aumento en el presupuesto de gastos de funcionamiento de la Facultad ha sido de sólo un 11%, un porcentaje mucho menor al índice de inflación”, sostiene en un pasaje de la carta.

 “Esta situación atenta directamente contra la calidad académica en mi formación y la de otros miles de estudiantes de ciencias exactas y por lo tanto, pone en riesgo las posibilidades de que nuestro país continúe destacándose a nivel internacional por su calidad académica”, agrega.

Está claro que todos queremos que nuestro país tenga la mejor educación. Y ver que un argentino compite de igual a igual con universidades que tienen infinitos recursos más que nuestra universidad pública emociona. La historia de David y Goliat en vivo y en directo, nuestro débil David vence al Goliat que tiene todos los recursos que una universidad como Harvard le puede dar.

Y como siempre pasa, nos ponemos del lado de David, y mucho más si es argentino. Entonces a priori, la mayoría de los argentinos van a estar de acuerdo con el reclamo que el joven estudiante de programación le hace al estado.  Más fondos para su facultad. Más dinero del Estado para mantener e inclusive mejorar la universidad pública. “¿Quién va a estar en desacuerdo con este pedido?”, se preguntará.

Bueno, yo no estoy de acuerdo con el pedido….

No entiendo por qué el joven y talentoso estudiante se siente con el derecho de pedirle más dinero al Estado. ¿No se da cuenta de que hacer esto es pedir que los argentinos paguemos más impuestos, tengamos mayor inflación o le saquemos dinero a otro argentino?

¿Por qué es mas importante mantener la educación universitaria gratuita que por ejemplo invertir mas fondos en una mejor justicia o seguridad? ¿O por qué el Estado va a tener que seguir imprimiendo dinero que no tiene para seguir incrementando una inflación que empobrece a millones de argentinos todos los meses?

El reclamo de este joven estudiante exitoso esconde la gran confusión que la sociedad argentina tiene sobre cómo funcionan el dinero y la economía. Nadie tiene derecho a la educación gratuita. No sé de dónde salió esta creencia. El que quiere educarse tiene que romperse el lomo para financiar su educación.

Luego este estudiante sí tendría que tener la libertad de elegir la mejor alternativa educativa para sus necesidades personales en un mercado libre y transparente donde se puedan comparar todas las ofertas que ofrecerían libremente las empresas e instituciones.

Si los estudiantes argentinos quieren competir de igual a igual con Harvard en vez de enviar una carta al mediocre Ministro de Educación argentino tendrían que mandarle una carta al rector de la Universidad de Harvard y pedirle una audiencia para entender cómo hace Harvard para financiar su funcionamiento con independencia del Estado.

Porque Harvard se financia con la cuota que pagan sus alumnos pero también con el dinero que aportan sus ex alumnos exitosos. Esto permite que Harvard no sólo tenga un impresionante presupuesto anual a disposición sino mucho mejor aún, que tenga un impresionante fondo de reserva que invierte profesionalmente todos los años que le brinda una tremenda seguridad financiera y una total independencia frente a los gobiernos de turno.

Pero claro, es más fácil sentirse con el derecho de acceder a la educación gratuita sin esfuerzo que viajar a Harvard e intentar descifrar cómo se financia un sistema armado con el detalle y la exactitud de un reloj suizo. El sistema clientelista y populista está tan clavado en nuestro país que aún nuestro jóvenes más inteligentes y talentosos exigen derechos ficticios que terminan siendo los responsables de una sociedad que sin prisa pero sin pausa se cava su propia tumba.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina