¿Por qué fracasó “Precios Transparentes”?

2017.03.30_Transp

La medida que prohibía a los comercios vender en “cuotas sin interés” partió de un error de diagnóstico y trastornó al comercio y al consumo.

 Un señor se levanta por la mañana. Antes de bañarse, desayunar, o preparar a sus hijos para ir al colegio, se cambia, toma la correa de su perro y lo saca a dar una vuelta manzana.

En el recorrido, se cruza con al menos 3 encargados de edificio a quienes saluda y, casi en todos los casos, se da esta conversación:

– ¡Buen día señor!
– ¡Buen día! ¿Cómo anda todo?
– ¡Bien! Todo en orden, ¿usted?
– Bien, todo bien por suerte. Gracias, ¡hasta luego!

¿Todo bien? ¿Realmente? ¿Todo, todo, todo?

Bueno, claro, si empezamos a indagar en todos los aspectos de nuestra vida, seguramente haya miles de cosas que no consideremos que están en su punto óptimo, o “bien”. En el trabajo seguro que tenemos muchas cosas por resolver, en nuestra vida familiar algunos compromisos, y seguro que como mínimo estamos un poco cansados a esa hora de la mañana.

Sin embargo, respondemos “Todo bien”. ¿Es que estamos mintiéndole a nuestra contraparte? ¿Estamos siendo deshonestos? No, pero sencillamente es mucho más cómodo para ambos resumir el panorama y ahorrar información. Tanto el paseador del perro como el encargado del edificio se pusieron implícitamente de acuerdo en que esto así sea.

Nada muy diferente a esto es lo que sucedía con las famosas “cuotas sin interés”, a las que el gobierno de Macri, a través de la Secretaría de Comercio presidida por Miguel Braun, les declaró la guerra.

Todos sabemos que el crédito tiene costo. Tomar un crédito implica que alguien tuvo que ahorrar la cantidad de dinero que nos prestan de manera previa. Es decir, alguien tuvo que restringir su consumo presente, a cambio de lo cual exigirá una compensación, que le permita incrementar su consumo futuro. De eso se trata el ahorro. Así que uno ahorra, presta ese dinero, y recibe un interés a cambio. El interés es el costo del crédito.

En este marco, a alguno puede sonarle raro que se compren en nuestro país productos en cuotas “sin interés”. O sea, que la financiación sea gratuita. Más aún, con una inflación que de media superó el 25% durante los últimos 10 años, podía parecer raro que un comprador pueda pagar en 12 cuotas fijas los productos que deseaba adquirir.

Viendo esta situación, el gobierno sacó una apresurada conclusión. De acuerdo con su visión, lo que hacían los comercios era inflar los precios de contado, para que el comprador pague el interés y también cubrirse de las futuras pérdidas derivadas de la inflación.

El punto es que los comerciantes vendían “cuotas sin interés”, cuando el interés no se había ido a ninguna parte, y cobraban precios más altos de contado que lo que realmente debían. La solución fue obligar a los comercios a diferenciar los precios y, además, publicar una serie de datos, como el Costo Financiero Total, para poder asegurarle al consumidor una mayor información que mejorara su toma de decisiones.

Así, los compradores tendrían ahora un precio de contado más bajo, uno financiado igual al anterior, y datos como la Tasa Nominal Anual y el Costo Financiero Total, que podrían mirar antes de comprar.

Los resultados no fueron los esperados. Los precios de contado no bajaron en la magnitud que se había previsto y los financiados subieron, por el efecto de la necesidad de diferenciar precios.  El consumo en cuotas se desplomó y hoy el gobierno decidió dar marcha atrás con gran parte del programa “Precios Transparentes”.

¿Qué pasó? Que el gobierno pensó que un acuerdo implícito que ahorraba información para ambas partes de la transacción era un abuso de parte de los comerciantes o de las tarjetas de crédito. Sin embargo, esto no era así. Para todas las partes involucradas era más trabajoso ponerse a discutir quién estaba pagando el interés o cuál era el costo financiero total que simplemente decir “cuotas sin interés” y ofrecerle al consumidor un sistema que (bueno, malo o regular) era mucho más cómodo y sencillo de lo que planteaba “Precios Transparentes”.

Vendedores y consumidores no estaban, así, en medio de una guerra de unos contra otros donde triunfaban los comerciantes por su gran poder económico, sino que ambos estaban de acuerdo en tener un sistema barato en términos de información.

“Esto sale $ 1.200 en 12 cuotas fijas de $ 100”. Quién paga el interés, quién pierde frente a la inflación, cuál es el costo real del crédito, eran todos elementos que, a la luz de lo que sucedía en el mercado, a nadie le interesaba saber.

Y si a nadie le interesaba conocer estos datos: ¿para qué obligar a que se publiquen y se expliciten? ¿Para qué encarecer el sistema? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que si queremos que los mercados funcionen, los gobiernos deben tender a eliminar todas las trabas posibles, incluso aquéllas que dicen imponer para fomentar la competencia. SI había una disposición en la ley de tarjetas de crédito que no estaba clara, lo que había que hacer era sencillamente eliminarla, y no reemplazarla por un sistema que nadie comprendía y que no tuvo ningún efecto de magnitud en los precios de contado.

Los precios (de contado y financiado) son sagrados, reflejan el acuerdo voluntario entre compradores y vendedores. Si el gobierno quiere hacer algo en serio por mejorar este acuerdo, lo mejor que puede hacer es correrse del medio.

Iván Carrino

Iván Carrino

Siendo rehenes del Estado nunca vamos a ser ricos. Por eso, Iván Carrino desenmascara uno por uno a los políticos que te impiden alcanzar tu libertad financiera y te explica cómo proteger tu dinero de sus malas decisiones

More Posts

Follow Me:
Twitter

Comments

comments