El lado bueno de la desigualdad

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El nuevo enemigo de los intervencionistas es la desigualdad de ingresos y riqueza. Sin embargo, cuando la desigualdad es resultado del éxito de los emprendedores, se vuelve netamente positiva.

La revolución industrial fue un  momento de inflexión en la historia económica mundial. Por décadas y décadas la humanidad había permanecido con una bajísima tasa de crecimiento y una muy modesta expectativa de vida.

Entre el año 1500 y el 1800, un británico promedio no podía esperar vivir más allá de los 40 años. Eso cambió radicalmente después de la Revolución Industrial. A nivel mundial, el ingreso per cápita comenzó a crecer a pasos acelerados, al igual que la esperanza de vida.

Todo esto se dio, además, en el medio de un exponencial crecimiento poblacional. Así, las agoreras predicciones de Thomas Malthus quedaron refutadas. El desarrollo del capitalismo, la propiedad privada y el comercio internacional dieron lugar a este fenómeno y -a pesar de algunos contratiempos debidos a las guerras- el progreso humano no cesó desde entonces.

Claro que los defensores de la intervención estatal en la economía, los mercantilistas y los marxistas no iban a dejar que esta historia saliera a la luz tan fácilmente. Así que difundieron la idea de que, a pesar de todo el progreso derivado de la Revolución Industrial, la desigualdad había sido una de las partes más repudiables de todo el proceso.

Como consecuencia del crecimiento económico, argumentaban, la riqueza de algunos creció desproporcionadamente en comparación con la de otros y eso es digno del máximo de los repudios…

Por curioso que parezca, en la actualidad el debate es bastante similar. El mundialmente conocido economista Thomas Piketty puso a la desigualdad en el centro de la escena nuevamente en 2014, cundo publicó “El Capital en el Siglo XXI”. Allí pronosticaba que la desigualdad seguiría una trayectoria creciente a nivel mundial y que los ricos serían cada vez más ricos en comparación con los pobres.

Para mitigar el supuesto problema que significa esta desigualdad, Piketty y otros que se han sumado a su cruzada, abogan por cobrar más impuestos a los altos ingresos, a la riqueza acumulada y también a las herencias.

El estado tiene que sacarle a los ricos, darle a los pobres, y así conseguir una sociedad más igualitaria.

La verdad es que el caso de PIketty no es tan fuerte como parece. Tanto desde el punto de vista teórico, como en su correlato con los datos, los postulados del francés fueron seriamente cuestionados.

Las críticas mencionadas apuntan a desechar la idea de que efectivamente exista una desigualdad creciente de ingresos y patrimonios. Sin embargo, pocos se animaron a defender por sí misma la desigualdad.

Al parecer, todos deberíamos desear una sociedad igualitaria.

Ese no es mi caso. Y tampoco el de Edward Conrad.

En su nuevo libro, “El lado positivo de la desigualdad”, el investigador y ex director de la firma financiera Bain Capital, plantea que la enorme diferencia de ingresos que existe entre los norteamericanos, lejos de ser un problema, es un activo que ese país tiene.

Conrad plantea que las diferencias que se observan entre los ricos y los pobres de Estados Unidos son principalmente el resultado del enorme éxito que está teniendo el famoso “1%”. De acuerdo con su argumento:

“A medida que la economía crece, valora más la innovación. Así, los innovadores que alcanzan el éxito a través de toda la economía, como Steve Jobs y Bill Gates, se enriquecen mucho más de lo que previos innovadores lo hicieron en el pasado. Y se enriquecen más que los doctores, los maestros de escuela, los conductores de colectivos… cuya paga está limitada al número de personas que pueden servir.”

Es decir, a medida que avanza la globalización y la tecnología de la información mejora nuestra capacidad de comunicarnos, también se incrementa la capacidad de las empresas y los individuos de llegar a una mayor cantidad de consumidores.

Justin Bieber, que comenzó subiendo videos a YouTube, hoy tiene un mercado potencial de 7 mil millones de personas gracias al avance de la globalización y la tecnología. Lo mismo pasa con los CEO de las compañías multinacionales exitosas. Manejan negocios que cambian la vida de miles de millones, y eso exige una compensación acorde.

Así, “el aumento de la desigualdad de los ingresos es un subproducto de una economía que ha desplegado su talento y su riqueza más efectivamente que otras economías”. No por casualidad, Estados Unidos es más desigual que Europa, pero históricamente ha crecido a ritmos muy superiores.

Cuando uno tiene éxito en una economía globalizada, las ganancias que recibe pueden sonar desproporcionadas, pero es lo que mantiene los incentivos alineados y a la economía en crecimiento.

Como sugiere Conrad:

“Los retornos más altos por el éxito incrementan la oferta de talentos debidamente entrenados, y estos altos retornos motivan a los innovadores, los emprendedores y los inversores para que tomen riesgos. Estos dos efectos relajan los obstáculos al crecimiento, lo que permite que la economía crezca más rápido.”

Para estimular la innovación y el crecimiento, hay que permitir que los innovadores y los empresarios exitosos cosechen la totalidad de las ganancias que la sociedad, eligiendo en el mercado libre, quiere otorgarles.

Castigar el éxito con más impuestos logrará el objetivo contrario. Habrá menos innovación, menos crecimiento económico y, por tanto, salarios más bajos y más pobreza.

Es hora de sacarse de encima los prejuicios y mirar el lado positivo de la desigualdad.

 

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6 thoughts on “El lado bueno de la desigualdad

  • Piketty un cierto deja vu maltusiano, (si la ganancia del sistema financiero es mayor que el aumento del PBI, los ricos se quedarían con todo). Además de las expuestas, hay otras razones que demuestran que el bienestar de las poblaciones, no solo no empeora por la desigualdad, sino que por el contrario sin desigualdad no podría mejorar.

    A la población no le preocupa lo más mínimo que haya personas muy ricas. Nadie envidia a Bill Gate o a Steve Job. Por el contrario la mayoría los admira.

    La propensión al ahorro crece cuando lo que gana una persona excede a lo que consume el medio en que vive. Entonces sin ricos, no habría ni ahorro ni inversiones.

    Los ricos son los que empiezan a consumir productos caros ya sea bienes o productos medicinales. Al hacerlo genera un mercado, y la maduración del mercado baja los precios y hace accesibles esos productos a la mayoría.

    Sin ricos no hay desarrollo tecnológico. El nivel de vida es bajo para todos.

  • Estaría bueno plantearse algunas cuestiones que a mi parecer esta nota peca, por su carencia de tratamiento.

    Por empezar, hablamos de sacarnos los prejuicios, contra la desigualdad y contra, en definitiva, la libertad, pero sería interesante un planteo reflejo. ¿Qué tal sacarse los prejuicios frente al Estado?

    Sé que en un principio esta crítica que te propongo puede sonar marxista, bolchevique, socialista, kirchernistrumpista, pero seamos maduros intelectualmente y tratemos de dejar de lado tales categorías ad hominem que en nada suelen beneficiar los debates. No lo digo por vos especialmente, sino por y para cualquier lector que lea. Lejos estoy de desear un socialismo marxista “vulgar” (como se le suele llamar) en el cual la violencia individualista descrita y explicada por Michel Wieviorka es un factor en constante latencia, lo que en definitiva lleva a una sociedad estancada por la represión de la imaginación, de la libertad, lo que para el socialismo son sinónimos e igualmente peligrosos vocablos.

    Volviendo al punto, siempre recurrís a ejemplos históricos vagamente referidos y con pormenores que brillan por su ausencia. Por empezar citas históricamente la Revolución Industrial como si fuera un fenómeno que hubiera nacido de la nada, cuando en realidad estuvo lejos de ser una revolución, y fue mas bien un proceso paulatino y gradual.

    Esta industrialización tuvo sus principales abanderados en Gran Bretaña (Escocia fue un polo importante), Bélgica, Francia y Alemania. No obstante en ninguno de estos casos podemos hablar de que el capitalismo “lo haya hecho” o que fuera obra de la libertad económica los progresos tecnológicos y organizativos en la producción que permitieron ese desarrollo sin precedentes que condujo a Europa alcanzar niveles de crecimiento destacados. Es menester señalar que el caso belga, francés, y sobre todo el alemán fueron industrializaciones comandadas bajo el ala estatal, es decir, con inversión pública, subsidios e incentivos y protecciones arancelarias.
    El inglés, a partir de principios del siglo XIX fue un caso en el cual la libertad cobró un protagonismo mayor, permitiendo a los “industriales” reinvertir sus ganancias de base para luego entrar en la fase del acero y del ferrocarril, que tanto bien le hizo al comercio y a las comunicaciones, así como en fábricas de cada vez mayor calibre que podían producir más y satisfacer una demanda cada vez mayor y en expansión, lo cual también favoreció la economía, aunque no tanto el medio ambiente.

    No obstante el caso inglés fue un caso que tampoco podría haber prosperado sin la ayuda del gobierno, porque sencillamente no hubiera encontrado el mercado urbano y (también, y no menos importante) la masiva oferta laboral necesaria para producir. El Parlamento inglés fue facilitando el terreno futuro mediante las conocidas leyes de cercamientos y leyes de pobres que impulsaron una emigración rural del campo a la ciudad, dejando a los despojados campesinos sin muchas más chances que las de proletarizarse para sobrevivir. No hace falta aclarar tampoco que durante siglos, hasta mediados del XIX, Gran Bretaña fue proteccionista de su protoindustria local y de su, posterior, incipiente industria moderna, es decir, si bien no se cobraban fuertes derechos a la exportación, los productos extranjeros tenían muchas dificultades para ingresar al mercado inglés.

    Más paradigmático es el caso alemán, la única que puede considerarse una verdadera Revolución Industrial, dados los tiempos record con los que se desarrolló, y en este caso, lejos de ser promovidas por inversiones privadas, es bien conocido el papel del Reich de Otto von Bismarck en el impulso estatal mediante subsidios e inversión pública que permitió una industralización de signo tan veloz, que superó por algunos años a la inglesa, la cual tuvo siglos de desarrollo. Todo esto fue desde la política, más que obra propiamente dicha de la libertad económica en el mercado.

    Habría que pensar hoy, para hacer una comparación entre los papeles de los gobiernos y su intervención en la
    economía, si el caso de los mal llamados socialismos nórdicos no sirve también de sustento para estos ejemplos citados en los párrafos previos. Dado que si bien no son socialismos, algo motiva la confusión, y es que (reconocido por vos también) el papel del Estado, en estos países de primer nivel, es un bien muy presente que no podemos negar. Sí, también son países que respetan mucho la iniciativa empresarial, pero no es menos cierto que tienen cuñas fiscales altísimas, y eso no ha conducido a la pobreza, sino a los mayores índices de bienestar que ostenta Occidente.

    Para relacionar todo esto finalmente, con el motivo central de tu nota, la desigualdad, habría que dejar bien en
    claro que los altos impuestos en el norte europeo lejos estuvieron de reflejar la idiosincrasia de la conclusión
    de esta nota, siendo reducir la brecha entre pobres y ricos una preocupación constante, y algo que parece no ha ido en detrimento ni de la riqueza de esos países ni de su bienestar, fin último de los estudios de la economía, ¿verdad?

    Para ir terminando, el planteamiento, que la desigualdad (por la falta de redistribución) permite dirigir las
    ganancias al sector que lo tiene merecido y que este reinvierta para luego generar más innovación y crecimiento, deja una trémula duda… que quizás ese crecimiento siga insistiendo sobre constituirse como un progreso con una desigualdad cada vez mayor, por lo cual desde un punto de vista lógico, el sentido de ese crecimiento lejos de generar mejores estándares de vida en la población estaría ligado a mejorar la vida solo del sector que produce el crecimiento para luego absorver todas las ganancias, por lo cual el bucle lógico que deviene es que venerar la desigualdad es necesaria para producir un crecimiento que solo favorecerá a un único sector, mientras que el otro solo verá migajas de ese progreso, y su posición cada vez más lejos de los “ganadores de la sociedad”, lo cual genera otro tipo de violencia que conocemos bien, y que no contribuye al fin último de la economía, ¿verdad?

    Esos países que olvidan en absoluto redistribuir sus ingresos, generan violencia al punto de compararse a
    aquellos que han pretendido suprimir toda libertad, y por ello parece más sano considerar el punto medio que los nórdicos, como evidencia empírica, han demostrado. Ni por el bien de la libertad, ni por el bien de la clase
    obrera, hay que dirigirse a los extremos teóricos, sino que por el bien del hombre y de la sociedad, quizás haya
    que abandonar esos prejuicios, los prejuicios contra la libertad y también los prejuicios contra el Estado.

    • Estimado Manuel,

      Evidentemente hemos visto películas diferentes o leído libros distintos. Para afirmar que el crecimiento se originó en el capitalismo tomo diversos textos y autores. En un artículo lo resumí basándome en Ekelund y Hebert (https://igdigital.com/2016/07/asi-redujo-el-capitalismo-la-pobreza-en-el-mundo/).

      Sobre el proteccionismo inglés, no fue tal. De acuerod a Irwin, cuando Estados Unidos era proteccionista en el Siglo XIX, Inglaterra ya era un país abierto al comercio: http://www.dartmouth.edu/~dirwin/docs/Growth.pdf.

      Por otro lado, es necesario destacar que previo a Adam Smith (1776), el mundo estaba más o menos dominado por el mercantilismo, una doctrina contraria al comercio; combinado con gobiernos de corte absolutista. La combinación de comercio internacional, gobierno limitado y mayor rol para el sector privado derivaron en la revolución industrial, que coincido fue un proceso gradual.

      También podés consultar los trabajos de Mc Closkey, que resumió en este video: https://www.youtube.com/watch?v=a0nsKBx77EQ

      Saludos!

      • Iván.

        En el siglo XIX Gran Bretaña ya era un país más abierto. Cuando hablé del proteccionismo inglés me refería a los siglos inmediatamente predecesores, los cuales formaron parte del proceso de industrialización británica, no sólo por la acumulación de capital necesaria para sustentar la revolución del algodón y del vapor, sino por la protoindustrialización (aprovecho para citar, cosa que no hice antes, a Peter Kriedte, “Industrialización antes de la industrialización”), que constituyó un progreso industrial paulatino y tambaleante pre-capitalista pero estimulado por formas incipientes del espíritu capitalista (Ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber) que permitió acumular experiencia industrial, avances tecnológicos imprescindibles, aunque modestos, y la ya mencionada formación del capital originario. En esta protoindustrialización el Parlamento inglés colaboró con las Leyes de cercamientos y una estructura arancelaria que protegía parte de la industria local, aunque no limitaba la salida exportadora de los productos del mismo, fiel a la “no-escuela” mercantilista de Thomas Mun.

        Es justo que mencione también el papel que tuvo la piratería y el contrabando en la formación de capital originario, siendo este el lado más librecambista de los siglos XIV al XVIII, por más ilegal que fuere.

        No niego los logros del capitalismo en términos de nivel de vida para la civilización occidental, pero en lo que radica la idea de estos dos comentarios, es en que el Estado no fue ni un enemigo del crecimiento, ni un enemigo del capitalismo en muchas etapas y ejemplos históricos. Si no lo es el caso inglés, porque antes de 1775 (fecha estimativa) quizás no se pueda hablar estrictamente de un capitalismo internacional (por más que Immanuel Wallerstein diga lo contrario), entonces el alemán o el francés (por más defectuoso) son ejemplos aun más contundentes.

        Sobre la industrialización y el papel del estado me baso en los libros y capítulos de autores como los siguientes, por si te interesa leerlos:

        -Maxime Berg, La era de las manufacturas 1700-1820. Una nueva historia de la Revolución industrial británica.
        -Eric Hobsbawm, Industria e Imperio. Una historia económica de Gran Bretaña desde 1750.
        -Douglass North, Estructura y cambio en la historia económica.
        -Simond Pollard, La conquista pacífica. La industrialización de Europa, 1760-1970.
        -Toni Pierenkemper, La industrialización del siglo XIX. Revoluciones a debate.
        -Tom Kemp, La revolución industrial en la Europa del siglo XIX.
        -Peter Kriedte (y otros), Industrialización antes de la Industrialización.

        • Muy interesante tu comentario. Sin embargo, creo que basta mirar algunos gráficos: (esperanza de vida: https://ourworldindata.org/life-expectancy/; crecimiento económico https://ourworldindata.org/economic-growth; trabajo inflantil https://ourworldindata.org/child-labor/) para ver que “algo pasa” entre 1700 y 1800 que cambia la historia para siempre.

          Y estos cambios se dan precisamente en el momento en que el mundo abandona el mercantilismo proteccionista y, siguiendo a Adam Smith, empiezan a disfrutar de las ventajas del comercio. Si hubo una “industrialización antes de la industrialización”, ¿por qué los británicos no vivían más de 40 años durante esa pre-industrialización?

          Para el caso, el desarrollo en Estados Unidos se explica fundamentalmente por su constitución liberal y el masivo influjo de capital físico y humano. Y lo mismo podría decirse de Argentina, que tuvo un proceso de envidiable crecimiento luego de que en 1880, se comenzara a respetar la constitución de 1853.

          Saludos!

          • Iván,

            Te contesto con tardanza, anduve ocupado.

            Sin lugar a dudas el capitalismo benefició con creces a las sociedades occidentales que vivieron este fenómeno. Lo dejo fuera de discusión. No obstante, tu análisis sobre el paso del mundo mercantilista al mundo liberal clásico se me hace algo “ficticio”.

            Entones me explicas las mejoras en los niveles de vida y esperanza de vida únicamente a través de factores económicos, y sostenes en la carencia de esas variables (las mejoras) para la etapa pre-industrial el signo de debilidad del mercantilismo y de esa “industrialización previa a la industrialización”.

            Primer punto, nunca hable de una industrialización “grande”, como la del vapor. Era una “industrialización” de talleres rurales y gremios urbanos, es decir, más que modesta.

            Segundo punto, y más fundamental, no todo se puede explicar por factores económicos. Si en los siglos XV, XVI y XVII, aun la esperanza de vida era paupérrima, esto no encuentra su explicación por la falta de liberalización de la economía y sus pobres rendimientos productivos. No olvidemos que mientras que el XIX se benefició de muchos avances en la medicina, por lo cual las pestes se empezaron a controlar más eficazmente, también fue un siglo relativamente “pacífico” (comparado con el siglo XX y los siglos XVIII y XVII, el siglo XIX fue uno de independencias periféricas y conflictos, más que grandes guerras de larga duración).
            Un contraejemplo útil, en el siglo XIV, periodo donde las sujeciones del Estado Absolutista aun no se hacían patentes (se podría decir, anacrónicamente, un periodo más “desregulado” por políticas de Estado), tenemos la esperanza de vida más baja del anterior milenio, promediando los 25 años en Europa. Pero de nuevo, esto no se explica por factores meramente económicos. Los hábitos de higiene y la peste bubónica (se llevó la bíblica cifra de alrededor de un 35% de la población europea) fueron los que inclinaron la balanza. De inversa manera, las mejoras en higiene, los avances de Snow para combatir las malignidades del agua no-potable, los logros médicos, el desarrollo del pensamiento científico, la reducción de pestes y plagas, el pacifismo bélico, son también factores que explican las alzas en los niveles de vida en el siglo XIX, y que son factores importantes, tanto, como el surgimiento de la ideología liberal que impregnaba de a poco el escenario europeo.

            Para finalizar, dos puntos menores. La industrialización del siglo XIX se benefició también del cese del absolutismo monárquico (para 1830, ya no quedaban absolutismos en Europa Occidental), el cual se había caracterizado por gastar mucho en guerras de prestigio (herencia feudal). Los siglos precedentes no tuvieron esa ventaja, y el mundo seguía siendo cuasi-feudal (con esto hablamos de una sujeción política a la tierra del señor feudal). Por ende, un mundo feudal era, valga el pleonasmo, más feudal que mercantilista, por lo tanto, más explicable política y socialmente, que por factores exclusivamente económicos, la política dominaba la economía, y el mercantilismo no dejó de ser una doctrina económica en un mundo de más variables. Por ende, más que culpar el proteccionismo mercantilista (al cual no defiendo por sus falacias en las concepciones de riqueza, pero tampoco quiero acusarlo como el único culpable del estancamiento por siglos) habría que ver otra variedad y repertorio de explicaciones causales.

            Dato ilustrativo, Adam Smith, se inspiró en la escuela francesa de los fisiócratas, no obstante Francia quedó muy rezagada frente a Inglaterra, siendo que la fisiocracia fue la primer escuela en combatir al mercantilismo y exponer ideas “pre-liberales” (por decirlo de alguna forma), eso habla también de que el estado del pensamiento y las ideas económicas circulantes no explican por sí solas el progreso de Occidente por aquellos años.

            Deberías ver también el caso del “milagro” alemán, que fue una (este caso sí) verdadera Revolución Industrial, que llegó a superar la británica, con un fuerte impulso estatal.

            Saludos, un gusto.

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