Duelo de Titanes

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Los primeros indicios muestran que la relación entre la Reserva Federal y la Casa Blanca, o entre Janet Yellen y Donald Trump, es más propensa a ser conflictiva que cooperativa. Esto es una señal de peligro para los mercados y los inversores. 

Un repaso por el juego de herramientas de la Fed muestra que ésta se avocará de lleno a manipular la economía estadounidense por un período de tiempo indefinido.

Incluso el acto más simple de normalizar su hoja de balance permitiendo que los bonos del Tesoro caduquen a su madurez sin venderlos llevaría por lo menos cinco años. Las probabilidades de que los EE.UU. eviten una recesión y una inflación por cinco años son pequeñas y la Fed intervendrá en los mercados nuevamente si se desencadena alguno de esos dos resultados.

En este contexto, se plantea la cuestión de una potencial cooperación o un potencial conflicto entre la Fed y la Casa Blanca o, más específicamente, entre Janet Yellen y Donald Trump durante este año. Los indicadores iniciales muestran que esta relación es más propensa a ser conflictiva que cooperativa.

Y esto es una señal de peligro para los mercados y los inversores.

La relación de Yellen y Trump empezó con el pie izquierdo durante la campaña presidencial cuando Trump proclamó que despediría a Yellen de su cargo como presidenta de la Fed si fuera elegido presidente. Por supuesto, Trump no posee el poder para despedir a Yellen pero la desaprobación de sus políticas fue evidente.

Trump declaró que Yellen mantenía bajas las tasas de interés de manera artificial para inflar el mercado de valores y ayudar a que Hillary Clinton fuera elegida. Trump también exigió que la Fed adoptara una política  “basada en las normas”.

Por su lado, Yellen desaprobó implícitamente los recortes impositivos generales de Trump que benefician a los ricos con una propensión marginal baja a consumir. Yellen dijo que se reservaría su opinión sobre los planes de gasto en infraestructura de Trump hasta que se anuncien los detalles.

Yellen también le lanzó el guante a Trump al indicar que podría permanecer en el directorio de gobernadores incluso si no fuera designada nuevamente como presidenta. Esto es posible porque la presidencia es por un período de cuatro años, mientras que para los gobernadores, este período es de catorce. La presidencia de Yellen termina en enero de 2018, pero su mandato como gobernadora no finalizará hasta 2028.

Esta combinación de la voluntad implícita de Yellen de permanecer en el directorio luego de 2018 y de su desaprobación de los recortes impositivos de Trump a los ricos plantea una confrontación entre la presidenta de la Fed y el presidente electo que podría resultar inquietante para los mercados en los meses venideros.

La señal más clara de que una confrontación entre Yellen y Trump se avecina se reveló en las “gráficas de puntos” de los gobernadores de la Fed y los presidentes de los bancos de reserva regionales que se muestran en los cuadros más adelante. El eje horizontal es la fecha del pronóstico. El gráfico de arriba muestra el pronóstico para 2017. El gráfico de abajo muestra el pronóstico para 2018. Los puntos verdes son los pronósticos de cada gobernador individual de la Fed y de los presidentes regionales. La línea azul es el valor medio de estas estimaciones.

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La característica más notable de las predicciones para 2017 y 2018 es la comba hacia arriba en la curva como resultado de la reunión del 14 de diciembre de 2016 de la FOMC. Por primera vez en años, la predicción indicaba un aumento relativo a reuniones anteriores en vez de una disminución. (Todas las predicciones muestran mayores tasas previstas para el futuro, pero la inclinación en el pronóstico de las tasas de interés a futuro había estado cayendo hasta el 14 de diciembre).

La importancia de esta previsión no puede ser exagerada. Esto significa que la Fed tiene una baja tolerancia a estar por detrás de la curva de inflación. Significa, además, que la política fiscal no se acomodará con dinero de helicóptero. En resumen, la Fed prevé inclinarse en contra del estímulo de Trump y evitar que la economía se recaliente.

El problema con la estimación de la Fed es que las políticas de Trump no serán lo suficientemente estimulantes como la Fed espera. Los líderes del congreso como Paul Ryan y Mitch McConnell ya dijeron que esperan que los recortes de impuestos de Trump sean “neutros con respecto a los ingresos”.

Es decir que, por cada reducción en las tasas impositivas, debe haber un aumento en el ingreso tributario que provenga de otra fuente como compensación; como eliminar de las deducciones de impuestos y créditos, convertir las plusvalías en ingresos ordinarios, derogar Obamacare o recortar los planes sociales. Trump ya dijo que los recortes a los planes sociales están descartados.

Cualquiera sea el compromiso al que se llegue, reducirá enormemente el efecto estímulo de las políticas impositivas de Trump.

Ryan y McConnel pelearon con Obama por años por los aumentos en los gastos y se resistieron a los aumentos en el techo de deuda de los EE.UU para dejar en claro su oposición.

Será difícil para los Republicanos volverse repentinamente el partido del gran gasto y de techos de deuda más altos sin ser criticados ampliamente por los Demócratas, los medios y porciones de la base Republicana. Un aumento en el gasto es posible, pero puede ser mucho menor que lo que tanto Trump como los mercados prevén.

En resumen, el “estímulo” de Trump puede terminar siendo mucho más pequeño, y mucho menos “estimulante” de lo que los mercados anticipan. La brecha entre lo esperado y lo real se hará evidente para marzo de este año.

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