El fin de los bonos

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Una de las tradicionales categorías en el mundo de las inversiones está llegando a una etapa crítica, quitando del menú una alternativa muy valorada por el inversor. ¿Cómo debemos actuar? Te lo comento a continuación.

Siempre que estoy enfrente de un potencial inversor y que me manifiesta la intención de comenzar a invertir para hacer crecer sus ahorros, tengo el mismo discurso:

“En los mercados de capitales existen dos grandes categorías de inversión: por un lado, las acciones (o renta variable), que ofrecen retornos muy atractivos pero sus riesgos son mayores; por otro lado, están los bonos (o instrumentos de renta fija) que ofrecen retornos menores pero con riesgos más acotados.”

Esto lo digo siempre, no importa la característica del inversor que tengo delante.

Se trata de la primera aproximación hacia el mercado de capitales que le hago a esa persona. Sin embargo, dada la coyuntura actual, quizás ese discurso deba cambiarse.

El cambio no debe venir por el lado de las acciones, ya que continúan siendo el activo financiero que más rendimiento promete en el futuro si uno está dispuesto a tolerar una mayor dosis de riesgo. Pero la gran diferencia sí se da en la categoría de inversión de bonos.

Para entender qué está pasando en este mercado en particular es necesario remitirse hacia el año 2008, cuando explotó la gran crisis de las hipotecas en Estados Unidos. Te recuerdo que esta depresión tuvo su origen en la mega expansión del mercado de préstamos hipotecarios en ese país que llevó a casi la quiebra a los principales bancos del mundo.

La dinámica de la crisis es bien simple de entender: las entidades bancarias daban préstamos a gente que no contaba con suficientes recursos para repagar los mismos, los bancos armaban instrumentos estructurados con esos préstamos, los revendían y traspasaban los riesgos. Cuando los créditos comenzaron a caer en default, el agujero que se les generó a todas las financieras que habían lucrado con ellos fue tal que los gobiernos de países desarrollados tuvieron que salir al rescate.

Pero no solo eso…

Los bancos centrales tuvieron que bajar al mínimo las tasas de interés para reactivar la deprimida actividad económica. Esos ridículamente bajos niveles de tasas aún persisten y son los causantes del mayor descalabro de la historia visto en el mercado de los bonos.

Para entender un poco a lo que me estoy refiriendo, dejame explicarte cómo es el mecanismo de transmisión de las políticas de los bancos centrales a los principales instrumentos de renta fija.

Las autoridades centrales del mundo actúan sobre las tasas de interés y los rendimientos de los bonos a través de dos canales principalmente.

Por un lado, fijan la tasa de interés de corto plazo que es la referencia para el resto de las tasas de una determinada economía. Si las tasas de menor lapso están bajas, existirá una presión adicional para que el costo del dinero de largo plazo también se reduzca.

Por el otro, han inyectado masivamente dinero en la economía a través de la compra de títulos en el mercado secundario. Cuando un banco central compra bonos, emite dinero para pagar los mismos. Y, por el otro lado, la demanda de esos bonos hace subir sus precios y reducir la tasa de interés de los mismos.

La idea subyacente de todo este movimiento es tan simple como la de bajar los costos de financiamiento de la economía para motorizar la demanda y la inversión.

Sin embargo, desde la óptica del inversor, las consecuencias han sido fatales.

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El gráfico muestra el retorno que ofrecen los bonos a 30 años de los principales países desarrollados de Europa y Asia. No hay un error en el gráfico ni es que esté invertido el eje. Lo que está viendo son rendimientos nominales negativos.

En términos simples, si vos ponés tu dinero en un Bono Suizo, todos los años tendrás un 1% menos. Invierto US$ 100, al año siguiente tengo US$ 99. Tan simple como eso.

¿Se trata de una locura acaso?

Depende cómo se lo mire. Para los residentes de esos países, donde se encuentra la amenaza de la deflación, tener US$ 99 al año siguiente puede representar más poder adquisitivo que los US$ 100 hoy si los precios de los bienes y servicios bajan a un ritmo más acelerado que el retorno negativo de los bonos.

Pero para un inversor extranjero, fuera de las áreas contaminadas por el flagelo de la caída general del nivel de precios, tener menos dinero dentro de un año por invertir en una opción segura no es un negocio del todo agradable.
¿Existen alternativas para los inversores más adeptos a la renta variable?

Es cierto que la baja de retornos se ha producido en todos los activos de renta fija del mundo por el efecto de extrema liquidez y bajas tasas de interés de los bancos centrales. Esta situación rige tanto para los bonos públicos, como privados.

Mi activo preferido en la actualidad para escapar parcialmente a esta realidad es el ETF iShares iBoxx $ Invst Grade Crp Bond (NYSE: LQD), un fondo que invierte en bonos corporativos de alta calificación crediticia.

Este fondo tiene una tasa de dividendo del 3,3% que surge de los distintos cupones de interés de los bonos que componen esta cartera. Si bien no es un rendimiento desmedido, es casi 4 veces superior a lo que rinden los bonos soberanos mencionados.

Y si las tasas continúan a la baja, entonces veremos una apreciación de los precios de estos bonos corporativos con la consecuente ganancia para el inversor.

En épocas de “vacas flacas” para los bonos, hay que agudizar el ingenio.

A su lado en los mercados.
Diego Martínez Burzaco para El Inversor Diario.

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2 thoughts on “El fin de los bonos

  • Hola Diego y donde se compra ese fondo que invierte en bonos corporativos,en cualquier banco?
    graciaa
    marcela

    • Hola Marcela,

      Estos fondos los comprás a través de cualquier broker que opera en el exterior. Ameritrade, Interactive Brokers, etc.

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